Continuamos con nuestra segunda entrega del cien asiáticos que pudimos ver in situ durante la 50 edición del Sitges Film Festival. La selección de hoy esta compuesta por la cinta bélica coreana, que mezcla drama y acción, Battleship Island; El decepcionante remontaje de la serie de terror de Sion Sono para Netflix Tokyo Vampire Hotel, y esa maravillosa creación de animación china que es Big Fish and Begonia.

The Battleship Island es una de esas películas nombradas y renombradas en las comunidades de aficionados al cine asiático a lo largo del mundo, y es que la última película de Ryoo Seung-Wan casi rozó el millón de espectadores en su primera noche de estreno en Corea del Sur, creando un nuevo record histórico, y se convirtió al instante en una de las más esperadas de la temporada.

Su guión nos traslada a tiempos de la Segunda Guerra Mundial en donde la Corea ocupada proveía de trabajadores, muchas veces engañados y tratados casi como esclavos, a diferentes zonas de producción japonesas, como la mina de carbón de la isla de Hashima, en donde veremos como un grupo de Coreanos sobrevive como puede a las difíciles condiciones de vida. Entre ellos una banda de música liderada por Lee Kang-ok (Hwang Jung-min), Choi Chil-sung (So Ji-sub) un luchador callejero que siempre anda metiéndose en problemas, Park Moo-young (Song Joong-ki) miembro del partido de liberación coreana infiltrado en la isla para liberar a un miembro histórico que se encuentra en su interior, y Oh Mal-nyeon (Lee Jung-hyun) que trabaja como chica de compañía.

Hay que empezar diciendo que en Sitges se emitió por primera vez la versión Director’s Cut, con casi media hora más de metraje que la versión de cines para sumar más de dos horas y medía de película. Esta duración ya incita a pensar en aburrimiento, pero la cinta no llega, en mi opinión, a incurrir en sopor en ningún momento. Su primera parte se dedica a la presentación de los personajes y su posterior llegada y vida en penurias en la isla japonesa. Narrada con tempo lento, pero con la tan utilizada en Corea mezcla de géneros -drama y comedia principalmente-, te hace ir tomando cariño, y odio, a según que personajes, mostrándotelos de una manera humana,. Aquí no hay héroes, aquí hay supervivientes, cada uno con sus motivaciones y objetivos, luchando por hacerse un hueco y sobrevivir, a veces pasando por encima de otros.

Pero la situación poco a poco se tensa y llegamos así a la segunda parte, donde estalla el conflicto, se desata la lucha por la libertad y se descubren las maquinaciones y traiciones. La épica explota y en uno de esos momentos clave de la acción comienza a sonar la banda sonora de Ennio Morricone extraída de la Trilogía del dólar de Sergio Leone. Un momento desconcertante y a la vez terriblemente llamativo.

La película ha tenido ciertas controversias y polémicas tanto en Corea como en Japón. La parte más conservadora de este último la tilda de engañar, de que las condiciones en Hashima no eran tan duras y que cobraban un buen sueldo -sin hablar de una escena donde se rasga la bandera imperial japonesa-. Por su parte algunos en Corea no han entendido el juego de supervivencia entre los diferentes personajes, achacando que los coreanos son retratados como demasiado pendencieros, con tendencia a traicionar o maltratar a sus compatriotas. Sea como fuere, en el fondo esta película está pensada para ser un blockbuster comercial que ofrezca mucho espectáculo. Cuando quise darme cuenta ya había terminado, manteniéndose interesando y entretenido durante su extensa duración.

De madrugada me decidí, aunque con muchas reservas, a adentrarme en la maratón de “Terror Asiático” para ver, al menos, una de las últimas obras del director japones Sion Sono, Tokyo Vampire Hotel. Este es en realidad un remontaje en formato de largometraje de la serie de 9 episodios que produjo y emitió Netflix Japón, y quizás esto sea su mayor lacra.

Manami se dispone a celebrar su cumpleaños con unos amigos, pero termina salvándose de una matanza. Sus problemas no terminarán aquí: dos vampiros, K, del clan Drácula, y Yamada, del clan Corvin, la están persiguiendo para utilizarla en sus propios intereses. Sobre esta premisa podremos encontrar todo lo que se esperaría de un director como Sion Sono: excesos en todos los sentidos, tanto en las partes dramáticas como en las explosiones de violencia, una elección musical que tira de clásicos, una muestra de esa juventud alienada que busca su lugar en el mundo fuera del núcleo familiar, momentos extremos de violencia… La película se torna delirante en muchos momentos, casi caricaturesca en lo que son los mitos vampíricos, pero, como decía al principio, la conversión de seria a película de casi dos horas y media le ha sentado terriblemente, con una parte central tediosa. Muchas de las escenas de violencia son un constante climax narrativo, pero tan alargado que pierde la fuerza y llegan a aburrir. Aquí ha faltado mucho trabajo de recorte y montaje, para quitarle bastante metraje, y entonces quizás las buenas ideas que esconde pudieran haber relucido mucho más. O quizás fueron las altas horas de la madrugada en que la vi, quién sabe.

La última película de esta entrega de nuestras crónicas asiáticas la dedico a una de las películas que más ganas tenía de ver en el festival, y es que aunque no hable mucho de ello en la web, el cine de animación es una de mis grandes pasiones, y una película de animación China con la calidad que demostraba el tráiler de Big Fish and Begonia era de visionado obligatorio.

Basada en antiguas leyendas locales como Classic of Mountains and Seas y In Search of the Supernatural, la historia comienza en un mundo sobrenatural paralelo al mundo humano donde viven entidades con poderes sobre la naturaleza. Ellos son guardianes del otro mundo y su cielo es el mar del nuestro mundo. Ante la mayoría de edad los jóvenes deben pasar un año con forma de pez en el mundo humano para observarlos, pero justo antes de volver la joven Chun provoca por accidente la muerte de un joven y decide recuperar su alma a costa de su propia vida, cosa que desencadenará una serie de acontecimientos.

La historia de esta producción es larga y difícil. Allá en 2004 Liang Xuan y Zhang Chun lanzan un cortometraje en Flash que tuvo bastante aceptación, comenzando un proyecto de largo en 2005 que tras muchas dificultades se quedó sin fondos. Tras finalizar el guión en 2009, en 2013 Liang pidió ayuda en el conocido microblog chino Weibo adjuntado un pequeño vídeo de la producción y levantó tal repercusión que terminó por llevarse a cabo. Se ha dicho de esta película que es el “amanecer de la industria de la animación china” y de hecho estoy en parte de acuerdo. Es muy complicado, por no decir casi imposible, encontrar este nivel de historia y animación dentro de la industria china, que demuestra haber dado un salto de calidad espectacular, tomando reminiscencias de obras como “El Viaje de Chihiro” del estudio Ghibli, un uso intensivo de la mitología local, sacrificio personal, ternura, acción y espectacularidad.

El nivel de animación, cosa que siempre me había chirriado de parte de la animación china, es sobresaliente, la banda sonora espectacular y el conjunto realmente visual y disfrutable. Una gran obra animada que espero siente las bases del futuro de la animación china. Si lo hace, veremos muchas y buenas cosas a partir de ahora.

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