Como cada año, tras concluir nuestra estancia en la 50 edición del Sitges Film Festival, nos toca recopilar todo lo que hemos visto para poder daros algunas opiniones sobre ello, algunos comentarios que os hagan ver -o no- las diversas películas que se proyectaron durante el evento. Como siempre está es mi opinión, parcial, sesgada y terriblemente personal -que cada día me veo más a contracorriente en según que tipo de películas-.

Este año abandono en cierta medida las crónicas diarias, ya que por diversas circunstancias no tuve un paso homogéneo por el cine asiático durante el festival, hay días que no vi nada y días que vi muchas, eso sumado a las entrevistas y ruedas de prensa arroja unos horarios algo extraños, así que esta será la primera de 7 entregas cortas, de unas 3 películas cada una, que se agrupan cronológicamente pero no diariamente. Vamos a ello.

La filipina Purgatoryo fue la primera película que vi en Sitges en una sesión de madrugada el mismo Jueves día 5. Dirigida por Derick Cabrido, esta es su segunda cinta de ficción tras su multipremiada y elogiada por la crítica Children’s Show (2014), basada en la historia real de varios adolescentes utilizados por la mafia local para shows ilegales de combate.

En esta película el director continua con esa línea de cuasi-documental, dramatizando otra de las situaciones ilegales que se producen en Filipinas, el uso de cadáveres sin reclamar para organizar casas de apuestas fraudulentas. Los juegos de cartas sakla y sapaw con apuestas son ilegales, pero la policía hace la vista gorda durante las vigilias de los muertos por respeto a los familiares. En esta película llegamos a ver escenas tan extrañas como una vigilia, con varias mujeres -contratadas- llorando a un muerto de cuerpo presente, totalmente rodeadas de jugadores anónimos que ríen y apuestan como en cualquier timba ilegal. Esta es la base conceptual de Purgatoryo.

La cosa es que no hay mucho más que eso. El guión sigue a un cadáver utilizado para estos fines y así podemos ver además un atisbo de la vida del dueño travestí de la funeraria en cuestión y de sus dos trabajadores en el desarrollo de su trabajo. Podremos ver como el dinero es la única motivación de la mayoría de ellos, amontonándose a su alrededor una cantidad de miserias humanas que incluyen el juego ilegal, el asesinato, el total desapego por los muertos y hasta la necrofilia. Realmente la película tiene un desarrollo escaso, salvo la especie de historia de justicia poética que tendrá uno de los personajes, y lo único que parece aportar es esa colección de miserias y morbo, si bien no llega a cruzar ciertos límites.

La segunda parte interesante es el apartado técnico, con un estilo oscuro y miserable que llama muchísimo la atención y algunas escenas realmente llamativas, como toda la parte del comienzo en donde se prepara y adecenta un cadáver viéndose desde los ojos del propio cadáver. O la sobrecogedora escena de la necrofilia, cuando uno de los trabajadores convence a su novia de quedar en la funeraria y esta lo deja a medias, fijándose entonces en un cadáver femenino. Lo realmente espeluznante de esto es que no terminas de saber si este cadáver es real o no, ya que tiene planos largos donde no se aprecia ningún tipo de movimiento de respiración, sembrando ese atisbo de duda o de “¿como demonios lo están haciendo?”.

Sea como fuere, esta es una película de desarrollo simple, tempo relativamente lento y técnica interesante, que podía haber dado más de si pero que no me disgustó.

Al día siguiente, de buena mañana, comenzábamos nuestro paso por la excepcional retrospectiva en torno a lo clásicos de la acción del cine de Hong Kong que este año había preparado el festival, y que tendría sus platos fuertes en películas como The Mission, por la presencia de su director Johnnie To, o Hard Boiled. Pero ya sabéis que yo soy chico Shaw Brothers y que el kung fu clásico me fascina así que imaginad como me sentí viendo Shaolin Temple en pantalla grande y 35mm, como en los viejos tiempos.

Shaolin Temple es una de las muchas películas que el director Chang Cheh dedicó a las artes marciales del conocido templo chino. En esta ocasión reconstruye los años anteriores a que el templo fuera atacado por la dinastía Qing y narra las evoluciones de unos personajes que incluyen a casi todas las estrellas masculinas del cine de artes marciales Shaw de mediados de la década de 1970. En el comienzo de la cinta tenemos al popular dúo compuesto por Alexander Fu Sheng y Chi Kuan-Chun arrodillado fuera del templo durante días, mostrando su perseverancia en entrar al templo y aprender kung fu para vengarse. Ti Lung, David Chiang y Wang Lung-wei se encuentran entre los soldados Ming que buscan refugio en el templo y se quedan para perfeccionar sus técnicas de combate. Entre tanto Kuo Chui gana fuerza entrenando con pesas atadas a sus piernas, y Li Yi-Min aprende la técnica de lucha con lanza removiendo ollas gigantes en las cocinas. Lu Feng encarna al malvado Qing que desea destruir el templo. Y por allí aparecerán Lo Mang, Ku Feng, Elliot Ngok, Tony Liu, estrella femenina del Wuxia Shih Szu.

La película se desarrolla saltando entre los diversos personajes, mostrando sus entrenamientos y evoluciones, muy al estilo de películas como Las 36 Cámaras de Shaolin, en toda su primera parte, pasando después a las numerosas escenas de combate en su tramo final. Aquí encontraremos todo lo esperable en este tipo de películas, una historia con toques de comedia, mucho entrenamiento marcial, superación, rivalidades y traiciones, malos muy malos y mucha acción. Y es que nos encontramos ante una de los grandes ejemplos de cine de acción marcial de la década de 1970 y de las películas más entretenidas de Chang Cheh.

La última película de esta primera crónica del festival de Sitges es la primera de las dos obras de animación que el director japonés Masaaki Yuasa presentó en esta edición, Night is Short, Walk on Girl.

He de comenzar por dejaros claro mi pasión por este realizador, al que considero uno de los animadores con más personalidad del panorama del anime japonés. Allá por 2004 dirigió esa maravilla que es Mind Game, una película que destacaba por su animación extremadamente diferente a lo que podíamos esperar de este tipo de obras: personajes estrambóticos, dibujados de forma excéntrica mezclando animación, imagen real y colores forzados… en definitiva alejándose del anime tradicional. Además la historia hacia honor a su nombre y a uno le gustaba o no, sin término medio. Poco después dirigiría la serie Kemonozume, con una animación igualmente nada convencional y una truculenta historia de monstruos que comen humanos y el amor que surge entre un miembro de cada raza. Sin animo de contaros mi vida, en un momento en que había dejado de ver anime porque todo era demasiado parecido, demasiado estándar, esta fue la serie que me reencontró con la animación japonesa. A partir de ahí Yuasa siempre ha mantenido este estilo tan personal, fuera en historias más adultas o más infantiles, destacando en los últimos tiempos The Tatami Galaxy, quizás una de sus series más “pasadas de vueltas”, con colores contrastados, escenas repetitivas y personajes hablando a velocidad del rayo. Alucinante.

Quizás con esta última sea con la que se podría comparar Night is Short, Walk on Girl -pero menos extrema en este caso-, la historia de un muchacho, Senpai, que no se atreve a declararle su amor a una joven, mientras esta quiere celebrar su adultez bebiendo todo lo que pueda durante la larga noche que se presenta ante ellos. Todo comienza en una despedida de solteros y la cosa evolucionará con la joven bebiendo de bar en bar o paseando por el festival escolar, mientras Senpai la persigue, le roban la ropa interior, ambos terminan involucrados en un musical ilegal y al final los miedos del joven parecen cobrar vida. Pero nada de lo que os diga aquí es representativo ya que la obra de Yuasa es para verla, ver su animación, sentir su excepcional banda sonora y disfrutar con esos grandes momentos de humor y excentricidad que nos ofrece. No penséis tampoco que esto es divertimento vacío o sinsentido, Yuasa esconde sus cartas bajo un aspecto diferente, pero siguen estando ahí. Por ejemplo, en cierto momento unos ancianos miran el reloj de la joven chica y se sorprenden al ver lo despacio que va, un plano del reloj nos lo muestra a una velocidad normal, pero al enseñar los ancianos el suyo se ve como va muchísimo más rápido. En un simple plano nos enseña eso que todos vivimos, cuando se es adulto el tiempo parece pasar mucho más rápido que cuando se es joven. Pequeñas escenas aparentemente sin importancia pero realmente simbólicas.

En fin, sé que soy especialmente parcial con las obras de Masaaki Yuasa, solo deciros que si os gusta el director os encantará esta película.

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