Viernes 8 de marzo.

Para descansar bien sacrifico el buffet de desayuno del hotel, que es hasta las 9 de la mañana, demasiado temprano para la hora en que me he acostado. De todos modos, me comentan después que desde que el hotel ha sido adquirido por un consorcio chino, la variedad y calidad del desayuno ha bajado considerablemente respecto a años anteriores. Ya no se puede disfrutar del famoso kaisen don, donde uno podía prepararse un bol de arroz con toda clase de fresquísimo sashimi recién cortado. Ahora era bollería y café americano. Me conformo con ir a la cafetería del hotel y comprar un Yubari melon pan relleno de crema de melón y nata montada que me zampo en dos bocados antes de partir al Shuparo para la sesión de la sección Core a las 12:30.

En Saikyo Koroshiya Densetsu Kunioka, su joven director, Yugo Sakamoto, utilizó el dinero ganado con el premio a mejor cortometraje el año pasado en este mismo festival para realizar un falso documental que podría ser una mezcla entre Ocurrió cerca de su casa, El Mariachi y Golgo 13 adolescente. La historia es el día a día de un joven asesino a sueldo, de sus trabajos, sus citas, su pandilla de amigos, para luego entrar en una espiral de confusiones, encargos asignados a varios asesinos a la vez y misiones erradas que le harán ser objetivo de la furia de yakuzas y sus letales lugartenientes. Está rodado con cámaras de mierda y el sonido es aún peor, pero su protagonista y el resto de personajes desbordan tanto carisma, la edición es tan frenética, las situaciones son tan descacharrantes y la acción es tan, tan resultona, que se ha convertido en mi preferida de esta edición de Yubari.

Al terminar tiro corriendo a la calle principal para entrar en el Yoshinoya de Yubari. Ojo, no es el Yoshinoya de los boles de arroz con carne de vacuno esos que tanto le gustaban a Kinniku-man, es un restaurante especializado en curry-soba, plato típico de Yubari. No tiene mucho misterio, es igual que un curry-udon pero con fideos finos. La textura de la sopa es densa, casi gelatinosa y de sabor profundo. Peca de no tener mucha verdurita ni ser muy generoso en carne, pero ya no hay tiempo de ponerse exigente. Eso sí, cuando me termino los fideos sigue habiendo mucha sopa y no estoy saciado del todo, así que pido un cuenco de arroz para echar dentro. Me dicen que se les ha acabado y entonces sí que me cabreo. Me vuelvo corriendo al Shuparo (apenas 5 minutos a pie) sin tiempo para comprar una lata de café caliente de postre en una máquina expendedora.

La siguiente película está dentro de la sección Fantastic Off Theater Competition: Mimicry Freaks, de Shugo Fujii. Iba a ciegas solo seducido por la foto del catálogo, la imagen de las sucias piernas de un niño que arrastra una cadena frente a unos policías en alerta que salen de un coche patrulla. A partir de esta imagen uno solo puede desear terror, zombies o algo parecido. Pero nada más empezar me llevo un chasco, tiene todo un aire onírico, pesadillesco, bastante bajón. Al comienzo hay como dos subtramas, una de una especie de fugado de un laboratorio y otra de unos prometidos y el padre de la novia que van a mirar una salón de bodas en una montaña que no resultan nada interesantes. No termino de meterme en la peli, me entra modorra de sobremesa y hasta pienso que irme del pase del aburrimiento. Pero me quedo dormido un momentito para luego despertar en una de las mayores locuras vistas en mucho tiempo. La historia termina siendo un splatter en casa del bosque con un sosías de leatherface cubierto por una máscara ancestral japonesa, clones, científicos locos, madres vengativas, experimentos eugenésicos y un carnaval de sangre loquísimo que termina con un final de pura ciencia ficción que me deja entusiasmado. Qué lotería de festival.

La siguiente sesión de la tarde era otro melocotonazo al que deseaba hincar el diente con ganas: Dynamite Soul Bambi, la nueva película de Takuya Matsumoto. El año pasado, durante el Festival Rebelde de Yubari pude descubrir la que supuso mi película japonesa favorita del año, Miss Moonlight. Fue una mezcla de géneros (cine dentro del cine, falso documental, cine fantástico e idol movie) que me dejó profundamente tocado y emocionado. Supo transmitir, no solo el amor por el cine desde el punto de vista del cineasta primerizo o amateur, sino que también entendía, empatizaba y sabía expresar ese sentimiento de soledad y melancolía del hombre que encuentra cobijo en el alma gracias a la idealización de sus ídolos femeninos tanto en el aspecto sexual como afectivo. Encontrar a un hermano solitario y pajillero que muestra honestidad en su discurso no es algo común. Estoy demasiado mal acostumbrado (y cansado) de tratar en España con iguales que, avergonzados o acomplejados, intentan ocultar su condición mediante discursos condescendientes para mostrar superioridad o falsa empatía hacia la causa de turno solo para ser aceptados socialmente por personas ajenas a su afición, casi siempre mentecatos. Miss Moonlight es tan mágica como necesaria. Tuvo recorrido mundial, pero es una pena que fuera ignorada en festivales en España, más preocupados por satisfacer a un fandom anquilosado en gustos limitados consecuencia de una nostalgia castrante y necesitados de una sofisticación asiática falsamente idealizada que por abrir la puerta a nuevas formas de pensar y de narrar dentro del género (potenciado por hábitos de consumo fruto de distribuidores con pocas intenciones de riesgo). Doy gracias por haber podido asistir a este festival, con una selección totalmente pura, sin contaminación de la moral occidental ni presión por ser del gusto foráneo.

Dynamite Soul Bambi no me enamoró como lo hizo Miss Moonlight, pero confirma el talento de su director para hacer que el espectador se identifique plenamente con sus personajes. En tono de falso documental, se cuenta cómo una promesa emergente del cine independiente (que interpreta el propio Matsumoto), ganador de cientos de festivales por todo el mundo con su ópera prima, se enfrenta a su primera película con producción y equipo profesional. La soberbia que le ha dado su reciente reconocimiento hará que el cargo se le suba a la cabeza, cosa que, sumado a su propia inseguridad frente a un proyecto de tal envergadura, hará que el ambiente en el set de rodaje sea irrespirable, poniendo a casi todos en su contra y haciendo que peligre no tanto la producción, sino su propio puesto.

La verdad es que durante toda la peli no dejaba de sentirme identificado y, como si me reabrieran la herida y hurgaran con toda la uña echando sal dentro, me hizo revivir episodios dolorosos de mi vida universitaria, donde me pudo la soberbia y perdí amistades muy valiosas. Si es que, al fin y al cabo, no importan las fronteras ni las culturas, los seres humanos somos igual de idiotas en todas partes del planeta. Después de esta lección de humildad y colleja al alma, había que ir a cenar, que había tiempo hasta que empezara a media noche la nueva edición de Tetsudon.

 

No espero el bus y en tiempo record hago todo el camino de regreso hasta Yatai Mura. Vergüenza debería darme, que llevaba dos años sin pedirlo, pero este año no podía aguantarme las ganas de jingisukan, la parrillada típica de Hokkaido a base de carne de cordero, verduras y udon. Se usa un grill cóncavo, con lo que las verduritas y el udon se cocinan con el jugo del cordero. Ni que decir que es un plato absolutamente delicioso. Es de digestión pesada, pero no hay nada que no se remedie con un par de jarras de cerveza Sapporo bien heladas.

Para bajar un poco más la comida hago de nuevo el camino hasta el hotel Shuparo a pie. A pesar de las temperaturas que rondan los 0º, al no haber viento ni lluvia o nieve, no hay tanta sensación térmica de frío. Con gorrito y leotardos debajo de los vaqueros se camina a las mil maravillas. Eso sí, al entrar en los edificios hace tanto calor que fácilmente se queda uno en manga corta y, en ocasiones, con los leotardos puestos se suda la gota gorda, que da pereza meterse en el servicio para quitárselos.

Con Tetsudon: Rated T for Fools, Idiots & Dummies el bueno de su productor Reji Hoshino intenta dar un poco de tregua después de lo bestia que fue el Tetsudon for Adults de la edición pasada. Pero aunque se supone que este año es para todos los públicos, esta nueva antología de cortos de humor idiota tiene piezas que pueden ruborizar a cualquiera, como esos segmentos protagonizados por un Yuki Mizuno intentando encender sus pedos con un mechero. Hay cortos aburridillos, sobre todo los realizados por dos directores anglosajones invitados, que usan un humor soso y falsamente profundo, irónico y hasta aleccionador que resulta irritantemente condescendiente (otra vez sale la palabrita) cuando lo que pide este ómnibus es humor despreocupado, socarrón y absurdo, tirando a idiota, que haga querer gritar “¡quiero mi dinero!”. De todos modos, aparte del agradable tono general a chiste de Jaimito, hay dos o tres cortometrajes de gran calidad que estoy seguro que tendrán carrera festivalera de forma independiente, como la parodia adorablemente naif de The Shoplifters de Koreeda.

Entre que el pase ha empezado más de media hora tarde y luego los directores han estado posando y presentándose, se han hecho las tantas de la madrugada. Los bares están cerrados y cerrados están mis ojos. Mañana será el último día y el más intenso, tanto que me dejará secuelas durante toda la semana siguiente.

Redactor: Fernando DeMontre.

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