ichi_the_killerKoroshiya 1 (2001)
Director: Takashi Miike
Guión: Sakichi Satō (manga de Hideo Yamamoto)
Actores: Tadanobu Asano, Nao Ōmori, Shin’ya Tsukamoto, Paulyn Sun
Productora: Omega Project, Omega Micott Inc., Emperor Multimedia Group (EMC), Star max, Alpha Group, Spike Co. Ltd., Excellent Films
Director de fotografía: Hideo Yamamoto
Editor: Yasushi Shimamura

Habiendo llegado a Koroshiya 1, creo necesario grabar a fuego estas palabras de Miike: «Creo que soy un arreglista, no un autor. Como no tengo base, mi enfoque a la hora de filmar una película es el de traer hacia mí algo que pertenece a otro lugar» (Miike en Sato & Mes, 2001). Me reitero con esto en lo que afirmaba al inicio de esta retrospectiva, Miike traslada la historia a la gran pantalla pero, esa historia, esos personajes, no son de él, sino del mangaka Hideo Yamamoto. Por eso, atribuirle a este film un significado sobre el consumo de la violencia en la gran pantalla no me parece de recibo porque ese no es el mensaje de Yamamoto. De haber un mensaje, sería el de cómo la sociedad negra de Shinjuku —haciendo uso de la terminología miikeana— es capaz incluso de contaminar al héroe trágico.

Ichi (Nao Ōmori) es un héroe que se ha hecho fuerte para vengarse contra los matones que le acosaban de adolescente. Sin embargo, ha caído presa de los juegos mentales de Jijii (Shinya Tsukamoto) quien le utiliza para limpiar Shinjuku del clan yakuza más temido, el Anjougumi. En su “pacífico plan de la caída de Shinjuku utilizando a Ichi”, Jijii enfrenta a su trastornado héroe con el sadomasoquista Kakihara (Tadanobu Asano). Lo que no espera es que su héroe conecte tan fuertemente con su lado más sádico.

Si bien es cierto que el manga seinen es hiperviolento a menudo, y que el ero-guro pervierte al género yakuza en Ichi the Killer, lo grandioso de Miike es de qué manera se atreve a plasmarlo, incluso amplificando la experiencia visual del espectador. El manga de Hideo Yamamoto dejó de publicarse el 5 de julio de 2001 y el film se estrenaba el 14 de septiembre de 2001, con lo que para entonces Miike conocía perfectamente el final y la historia del manga y toda su intención era cautivar a los seguidores de Yamamoto: «Simplemente quería ser fiel a los seguidores del manga. No quería decepcionarles. Visualmente, quiero probarlo todo. Pero creo que cada plano de la película expresa lo que pienso de la historia y de los personajes. Lo más importante es la historia, y no las imágenes» (Miike en Rose, 2003).

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Y vaya si lo probó todo visualmente. Miike reproduce de manera fiel detalles del manga como la sonrisa forzada de Ichi, escenas íntegras de las violaciones de Sailor y la tortura de Suzuki y otras escenas de violencia más inverosímiles que mantiene con tal de agasajar a Yamamoto. Y todas las escenas de violencia, aunque puedan parecer excesivas para los más conservadores, son necesarias para justificar el carácter de los personajes, tanto el de Ichi como el de Kakihara.

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El estilo manga impregna más que nunca el estilo de Miike cuando rememora con un filtro los recuerdos de Ichi que funcionan como imágenes pulsión de sus miedos y deseos más pérfidos, o cuando el tiempo se para por unos instantes para la víctimas que chorrean sangre exageradamente. Y para maximizar esta experiencia manga, Miike no duda en utilizar planos cortos con todo lujo de detalles: primeros planos, primerísimos planos, planos detalles, etc. Cuando Kakihara se corta la lengua, Miike alterna el plano general de reacción de los yakuza con planos mucho más cortos de Kakihara. Además estos planos son sensiblemente más largos; la cámara se recrea en la violencia igual que lo hace Yamamoto en sus viñetas. Esta sucesión de planos que se repiten como un ciclo, se produce en casi todas las escenas de violencia más surrealistas. Es el resultado del estilo del hiperdetallista mangaka. Igual funciona la escena en la que Kakihara engulle el puño de Ryu Long. El tiempo se dilata gracia a la alternancia de planos para poder admirar la violencia con detenimiento.

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Sin embargo, si el manga cuenta cómo el héroe se ve pervertido por Shinjuku y a la vez es esta perversión del distrito la que consume sus ansias de venganza y le restauran su identidad, Miike está más interesado en explorar la psicología de Kakihara. Después de una introducción con montaje rítmico e impregnada de estilo manga, ya los créditos nos anuncian la intención del director: primero vemos el nombre de Tadanobu Asano, luego el de Hideo Yamamoto, y finalmente el de Takashi Miike. Este es el Koroshiya 1 de la fusión de estos tres artistas, y lo que nos presentan es una versión fiel al manga pero con diferencias sutiles. Con la escena siguiente de la violación de Sailor, y Ichi en plan voyeur, el espectador encontrará imposible empatizar con el héroe. Sin embargo, la causa de Kakihara —vengar a su jefe— es a priori más noble. Se nota que Miike disfruta como un niño con este personaje, mucho más socarrón que el original. Kakihara es un personaje subversivo del mundo yakuza, capaz de colocarse un pañuelo verde limón a modo de babero antes de sesgarse la lengua y de cocinar tempura en el aceite que luego verterá en un torturado. El color siempre acompaña a Kakihara, no sólo en su ropa, sino en el rojo intenso de su zona del apartamento; rojo que Miike ya había utilizado antes en su filmografía para advertir del peligro. Sus ropas llamativas y su pelo teñido le otorgan un aspecto yankī que indica precisamente eso: no respeta las normas del mundo en el que vive. Sus reglas son otras: las del dolor, y por eso, su jefe sólo es capaz de expulsarle a través de la pantalla de un portátil.

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Sin el freno de su familia, Kakihara estará más desbocado que nunca y se lanzará a la búsqueda de su felicidad, que no es otra que encontrarse con Ichi; un asesino que él cree que es 100 % sádico y que podría ser su pareja perfecta. Cuando todas sus expectativas se derrumban al ver que Ichi está perturbado, Kakihara prefiere perforarse el oído y regalarse la última paja mental. El final de Miike es mucho más coherente con la psicología de los personajes y más positivo en lo que respecta al futuro de Shinjuku. Además, el diretor ya nos ha preparado el terreno suficientemente relacionando a Ichi con Takeshi y el espectador sabe que Koroshiya 1 significa que habrá un Koroshiya 2. Y cuando Jijii encuentra a Kakihara y sonríe de alegría, su sonrisa se borra de inmediato cuando cae en la cuenta de que no hay ningún corte con lo que Ichi no ha matado a Kakihara. El silencio de la escena hace volar la imaginación del espectador con los posibles pensamientos de Jijii. ¿Lo ha matado otro asesino? ¿Irá tras él también? ¿Ha quedado Ichi inservible para sus fines? Los pensamientos de Jijii se mezclan con un plano de Takeshi aún golpeando a Ichi y con otro plano de Kakihara tremendamente sólo en la sala de torturas. Takeshi sigue vivo y Kakihara se ha suicidado por soledad. El futuro de Shinjuku ya no está más en las manos de Jijii, porque la forma que tiene Takeshi de matar a Jijii es una ruptura con los métodos de Ichi, e implica el nacimiento de un héroe verdadero a pesar de haber perdido la inocencia en su infancia a causa de la violencia.

Redacción: Sabrina Vaquerizo (@svaquerizo)

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