De arriba a abajo, una de las primeras portadas de la revista Linayway; ejemplar de la novela publicada en 1986, ya con Bembol Roco en la portada; y edición de la traducción japonesa Manila: Hikaru Tsume.

Éste es un ejemplo que prácticamente lo tiene todo: todas las decisiones discutibles y todas las curiosidades que uno esperaría encontrar; todos los hallazgos y todas las torpezas; sobre todo, tiene la magia de que a pesar de lo azaroso de su nacimiento, la película funciona tan improbable como increíblemente bien por su cuenta y riesgo. Manila in the Claws of Light, una maravilla de Lino Brocka de 1975 que se bastaría por sí misma para justificar este InFocus, tuvo una vida apasionante. Resumo lo que ahora vamos a detallar: en 1966, una revista publica una historia por entregas; cuatro años después, un estudiante adapta la historia a guión cinematográfico como un ejercicio de su curso; cinco años después, un director le pide algunos cambios en el guión y rueda la película; once años después, el autor de la historia original recopila esas entregas y las publica, ahora sí, como una novela.

Para entender mejor todo esto, viene bien tener alguna noción de la historia de Filipinas, así que voy a contarlo en forma cronológica utilizando tres códigos de color para diferenciar la historia de Filipinas, la historia de Lino Brocka y cuanto atañe a la novela y la película.

Una cronología

1898. El Tratado de París pone fin a la guerra hispano-norteamericana y establece que España ceda sus últimas colonias, incluso las Filipinas, por 20 millones de dólares. 1899. Las tropas estadounidenses invaden el país. 1917. Nace Ferdinand Marcos.
1940. Nace Lino Ortiz Brocka.
1941. Los locos japoneses, muy locos de aquella, invaden Filipinas. 1943. Se proclama la Segunda República Filipina, con un Gobierno dependiente de Japón. 1944. Las tropas del general MacArthur desembarcan en la isla de Leyte. 1946. Estados Unidos concede finalmente la independencia a Filipinas. A partir de aquí se suceden breves gobiernos que nunca estabilizan el país. Son presidentes: en 1946, Manuel Roxas (3 años); en 1948, Eldipio Quirino (5 años); en 1953, Ramón Magsaysay (4 años); en 1957, Carlos P. García (4 años); en 1961, Diosdado Macapagan (4 años), y en 1965 Ferdinand Marcos. 1949-59. Marcos sirve tres periodos en la cámara de representantes. 1962-65. Marcos es elegido senador, primero, y presidente del Senado, después. 1965. Marcos es nombrado Presidente de Filipinas. 1966. Comienza su mandato como héroe popular que representa la esperanza de Filipinas.
1966-67. La historia original de Edgardo Reyes, Sa mga Kuko ng Liwanag (“In the Claws of Brightness’”), se publica por entregas en la revista filipina Liwayway.
1969. Reelección de Ferdinand Marcos.
1970. Clodualdo del Mundo, graduado del Ateneo de Manila que acaba de hacer un guión propio, Pepot Artista, como ejercicio de un curso de escritura de guiones, decide usar el tiempo que le ha quedado en probar a hacer una adaptación. Se decide por aquella historia que se había publicado por entregas. (Antes de esto, en algún momento, el comité que pone los nombres se había reunido a la sombra de un auspicio y había decidido algo maravilloso: el guión que nadie te ha pedido, ése que escribes o adaptas y a ver si algún día alguien viene y te lo compra, se llama spec script. Lo juro. Y hay casos muy famosos que no vienen a cuento.)
1972. Marcos declara la Ley Marcial y anula prácticamente cualquier ley vigente que le contravenga en su intento de perpetuarse en el poder.
1975. A Lino Brocka le hablan del guión y decide usarlo para filmar un alegato contra el dictador. Le pide a Del Mundo la revisión de algunas escenas. Introduce la prostitución homosexual y las protestas en la calle contra la Ley Marcial y desplaza la acción al menos una década.
1977. Los buenos resultados iniciales animan al director a fundar una productora, Cinemanila, cuya casi inmediata quiebra le endeuda de tal manera que se pasa la siguiente década pagando a los acreedores. 1978. Insiang (¡qué película!) se presenta en el Festival de Cannes, Brocka gana prestigio dentro y fuera de su país. 1980. Su figura crece tanto que es elegido presidente del Sindicato de Directores de Filipinas.
1981. Marcos es reelegido Presidente, redacta una nueva Constitución, disuelve el Congreso y crea un nuevo Parlamento. 1983. El líder de la oposición, Benigno Aquino, es asesinado en el Aeropuerto Internacional de Manila a su regreso a Filipinas después de tres años de exilio en Estados Unidos.
1983. Brocka crea la organización Concerned Artists of the Philippines (CAP), que dirigirá durante dos años. La CAP declara que los artistas son ante todo ciudadanos y, como tales, deben abordar los problemas que enfrenta el país. Se vuelve, si no lo era ya, un activista tras del asesinato de Benigno Aquino. 1985. Brocka y Behn Cervantes son detenidos durante una huelga nacional organizada por conductores de transporte público. Se les acusa de organizar una asamblea ilegal. Les deniegan la fianza. Son liberados después de 16 días tras una gran presión pública.
1986. Edgardo Reyes publica su revisión de Sa mga Kuko ng Liwanag. La portada de la edición de De La Salle University Press ya es la película: un fotograma del filme. La historia vuelve a encontrar muy buena acogida y Motoe Terami-Wada la traduce al japonés. Manila: Hikaru Tsume (マニラ : 光る爪) se convierte en un bestselling book en Japón.
1986. Ferdinand Marcos da un pucherazo electoral tan descarado que finalmente la Revolución de EDSA le despoja del poder en un proceso que finaliza con el Gobierno de Corazón Aquino. 1989. Muere Ferdinand en Honolulu tras tres años de exilio.
1991 Muere Brocka en un accidente de coche.

No es difícil ver cómo se retrasó la acción. El disco The Golden Voice de Nora Aunor se editó, con mucho éxito, en 1970, año en que Del Mundo hizo su guión. A la derecha el lema “Martsa ng Bayan” se popularizó durante la ley marcial, tres años antes de la grabación del film. Una década de la que tal vez le podamos atribuir un lustro al guionista y otro al director…

La historia, por si alguien aún no la conoce, es la de una chica de provincias a la que prometen una vida mejor, le prometen trabajo y educación en la capital para al final acabar prostituida. Su novio, que queda en el pueblo, se lanza a Manila a buscarla cuando deja de recibir sus cartas. Y allí despierta a otra realidad, una más fea, una que amenaza con cambiarlo a peor, que ya está engulléndolo, convirtiéndole en alguien que no le gusta ser, modificando su relación moral con el entorno… es en ese sentido en el que la historia responde a esa novela Bildungsroman que comentaba al principio: cómo el desarrollo de la acción determina el cambio del personaje, cómo aprende a la fuerza un sistema de relaciones sociales que le cambia profundamente. Al final encuentra a su amada, catarsis y drama. Este esqueleto es un motor narrativo bastante básico, muy repetido en muchas variantes. Y lo que hacen Del Mundo y Brocka es desplazar la acción una década, mostrar la revuelta social que se estaba viviendo en ese momento contra Ferdinand Marcos… y hasta introducir al protagonista en el sórdido mundo de la prostitución masculina en Manila. Eso fue una pulsión autorreferencial: era Brocka el homosexual y quien conocía ese mundo. Son todas decisiones arriesgadas y drásticas. Decisiones que cambian sustancialmente la historia. Tanto, que uno se pregunta si de verdad era necesario adaptar una novela por entregas para cambiarla tanto y quedarte con su motor narrativo, uno que no tiene nada demasiado especial. Uno que podría firmar el mismo Brocka sin mucho trabajo añadido… No se entienda una crítica aquí, que muchos hacen lo mismo y no reconocen siquiera qué obra previa están desguazando. Y la película es, ya lo he dicho, magnífica en sí misma. Por último, Brocka hace aquí algo que me encanta, porque le pasa lo mismo que nos pasa a todos: cuando leemos la historia, los personajes en nuestra imaginación siempre son mejores que los que luego nos presentan en las adaptaciones al cine. Y le pasó literalmente, porque contrató a uno de sus actores recurrentes, Jay Ilagan, con quien acababa de trabajar el año anterior en Tatlo, dalawa, isa. Tras días de rodaje, Brocka se encontró pensando lo que todos hemos pensado alguna vez: “en mi imaginación, era mejor; estaba más flaco, parecía más vulnerable…”, así que despidió a Jay Ilagan y volvió a comenzar desde cero con Bembol Roco, que hace un magnífico protagonista.

A la izquierda Jay Ilagan, con quién Brocka acababa de trabajar en Tatlo, dalawa, isa. Tras días de rodaje, se dió cuenta de que leyendo el guión (o quién sabe si la historia original) imaginaba al protagonista más delgado, débil y vulnerable, así que despidió a Jay Ilagan y volvió a comenzar desde cero con Bembol Roco, que hace un magnífico protagonista.

Al final, uno se pregunta si la reedición de la historia original ya como novela, edición que prudentemente se puede suponer auspiciada por el éxito del filme y que presenta al actor Bembol Roco en la portada, no cambiará también por el guión e incluya tal vez cosas que pusieron ahí Del Mundo y Brocka… He querido empezar el artículo con esta película porque, como se ve, es un caso bastante extremo, y eso que me he saltado un eslabón de la cadena (¿listos para a tener un momentazo de fabulosos nombres filipinos?): Del Mundo tuvo un compañero en el Ateneo de Manila, Mike de León (nieto de Narcisa Buencamino, productora de LVN Pictures), que se estaba buscando las habichuelas en eso del cine y acababa de fundar la productora Cinema Artists, así que fue Mike de León quien le dijo a Lino Brocka que su amigo Clodualdo del Mundo había adaptado la historia de Edgardo Reyes. (No me he sabido contener.) Todo así, tan aparentemente azaroso, que uno se podría preguntar varias cosas. La primera: ¿hacía falta un texto que adaptar? La segunda: ¿eso es ético? La tercera: ¿el compromiso de un artista con su arte no debería impedirle acudir a las obras de arte de otros artistas? La cuarta: ¿no debería ser genuinamente original todo artista que se precie de serlo? La quinta: ¿mereció la pena? Bueno, la quinta ya la contesto yo: por supuesto que sí. Al resto de preguntas va a ser Satyajit Ray quien conteste…

Lino Brocka (a la izquierda) y Mike de León

No hace tanto, Manila in the Claws of Light fue restaurada digitalmente desde los negativos originales; en palabras de Mike de León, director de fotografía y productor de la película, gracias a ”unas pocas personas e instituciones seleccionadas”, que en realidad fueron la World Cinema Foundation (WCF) de Martin Scorsese, LVN Pictures, Tan Bee Thiam de Asia Film Archive (AFA) y Pierre Rissient. Con ocasión de tal restauración, Del Mundo, el autor del spec script, quiso recordar a Brocka y su colaboración con él: “Más que cualquier otro cineasta filipino de su generación, Brocka trató temas sociales y políticos. Estaba sinceramente determinado a exponer las injusticias de nuestra sociedad para encontrar soluciones. (…) Se implicó mucho cuando me habló de las escenas adicionales que quería incluir en el guión, en particular la subtrama sobre la prostitución masculina. (…) Era un compañero de trabajo divertido. (…) Hice un documental del rodaje, un making of en 16 mm y Lino fue muy cooperativo”. No tengo ni idea de qué fue de ese behind-the-scenes, si es que se llegó a editar tal vez en una posterior versión Criterion, nunca lo he llegado a ver, pero si llega a aparecer, habré de actualizar este artículo…

Título: Manila in the Claws of Brightness
Título V.O: Maynila: Sa mga Kuko ng Liwanag
Director: Lino Brocka
Año/País: 1975 / Filipinas
Duración: 125 minutos
Género: Drama
Reparto: Rafael Roco Jr, Hilda Koronel, Lou Salvador, Juling Bagabaldo, Tommy Abuel

Este artículo pertenece al InFocus Allzine “Traducir a Imágenes“. Podéis consultar en el enlace anterior su introducción e indice de contenidos.

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