Volvemos a la carga con una nueva entrega de nuestras crónicas “a vuela pluma” de todo el cine asiático que pudimos ver este pasado Sitges Film Festival. Nuestras cuatro películas de hoy no pueden ser más variadas en cuanto a temáticas, desde el thriller a la animación fantástica pasando pro el cine de acción o el terror juvenil.

Comenzamos en corea con una de las pocas, por no decir la única, cinta de época que podíamos ver este año en el festival venida de aquel país. The Night Owl, titulada en España como los ojos de la noche, es básicamente un thriller palaciego de época con una premisa peculiar, aunque nada fantástica realmente. La cinta nos llega tras ser la quinta más vista en el Boxoffice del año pasado y haber ganado diversos premios locales.

Su historia nos traslada a la era Joseon. Gyeong-su, un acupuntor prácticamente ciego, recibe el reconocimiento del médico real por sus grandes habilidades y entra en palacio al servicio del rey. En ese momento el príncipe Sohyeon, que había sido tomado como rehén por la dinastía Qing, regresa a Corea después de ocho años, y el rey Injo, aunque feliz por el regreso de su hijo, se siente abrumado por una ansiedad desconocida. Una noche, Gyeong-su, que es capaz de ver en la oscuridad, es testigo de la muerte del príncipe heredero al trono.

Quizás la película engaña un poco estando presente en un festival como Sitges. Es cierto que la sección Órbita no exige el género en estado puro, sino que admite thrillers y cintas de acción de muchos cortes y pelajes, pero The Night Owl no deja de ser una película de misterio basada en intrigas palaciegas como tantas otras se han realizado en Corea, con la particularidad de ese personaje ciego que es capaz de ver en la oscuridad, estupendamente interpretado por Ryu Jun-yeol.

Más allá de esta reflexión la película da lo que se espera de ella, una exuberante producción, un gran acabado técnico y banda sonora, un elenco muy bien llevado, una buena dirección y una historia atrayente y correcta. Quizás se alarga un poco en algunos momentos, pero estamos ante una cinta de época muy bien realizada.

Nuestro siguiente visionado era, para muchos, uno de los más esperados del festival, la última animación del japones Hayao Miyazaki para el estudio Ghibli. The Boy and the Heron (El chico y la garza) se estrenó a nivel mundial fuera de Japón tan solo unas semanas antes de Sitges, siendo la película inaugural del Festival de San Sebastian.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el joven Mahito Maki sufre una desgarradora tragedia familiar y se traslada al campo. Aislado, Mahito comienza a explorar los misteriosos paisajes rurales y se encuentra con una garza gris que parece hablarle y guiarlo hacia una antigua torre abandonada y decide entrar en ella en busca de respuestas sobre su familia.

La película es quizás la mejor síntesis de lo que es la obra de Miyazaki tanto en lo visual como en lo personal. En lo visual la maestría que destila en su animación es más incluso que lo que uno esperaría del propio autor, haciendo un despliegue de todo lo que tan bien representa, sus exuberantes paisajes boscosos, esa forma tan personal de animar el agua o los movimientos, su peculiar imaginario de fantasía, todo ello acompañado, como no, de una partitura de Joe Hisaishi. En lo personal, esta es la película que más nos muestra las obsesiones y la propia vida del autor, con constantes paralelismos entre la situación del joven protagonista y la propia juventud de Miyazaki y sus relaciones familiares. Una historia sobre el duelo y la superación del mismo, un repaso a una vida para hacer balance y reflexionar sobre la familia y el tiempo, y una carta hacia el futuro, hacia su propio nieto y hacia los que vendrán después que el mismo. Todo eso se destila The Boy and the Heron, cuyo título en japonés le hace más justicia, “How Do You Live?”.

Una vez dicho todo esto, he de reconocer que no conecté con la película durante buena parte de su metraje. Quizás fue la hora, quizás mi disposición… no sabría decirlo, pero su tremendamente lenta introducción me aburrió sobremanera y ya no remonté a partir de ahí. No entré en los tropos y los temas de fondo, me quede un poco más en la superficie y no me dijo nada especialmente interesante. He reflexionado mucho sobre ella y me emplazo a un segundo visionado para intentar apreciarla como se merece.

The Roundup: No Way Out es una película que tenía muchas ganas de ver porque no tiene fallo posible: acción, humor, crimen y Ma Dong-seok… Si te va el rollo no hay margen de error, apuesta segura de diversión y tortazos.

En esta tercera película de la saga tras The Outlaws y The Roundup, el detective Ma Seok-do vuelve a la carga con un nuevo equipo policial para investigar un asesinato. Al descubrir que el caso tiene que ver con un ajuste de cuentas por una nueva droga sintética, comenzará una investigación que despertará el interés de varios grupos.

Lee Sang-yong, director dela anterior The Roundup, vuelve a una formula ganadora, la comedia de acción criminal llena del carisma de su protagonista. La acción nos devuelve a Corea y la cinta se torna más coral, con más investigación y cierto grado de intriga criminal que quizás le faltaba a la segunda entrega. Además, Ma Seok-do ya no parece una especie de superhombre intocable, la acción ha evolucionado hacia las lindes del Boxeo y el MMA con unas coreografías muy directas, que buscan el cuerpo a cuerpo y evitan las persecuciones. Por lo demás la diversión y el buen acabado técnico perduran, echándose un poco en falta un compañero carismático como Choi Gwi-hwa. Sea como fuere, puro entretenimiento del que más nos gusta.

Es propio Lee Sang-yong estuvo presente en el festival presentando la película en sus diferentes sesiones y pudimos charlar con él. Nos contó algunos aspectos del desarrollo de la película, de como evolucionaron las escenas de acción y como es producir la película más taquillera del año en Corea salvando la cara de un boxoffice maltrecho tras la pandemia.

Charlando con Lee Sang-yong, director de The Roundup.

Nuestra última película de este segundo repaso ni siquiera es asiática, ya que es producción enteramente estadounidense un realizador estadounidense, pero la cosa tiene truco. Bishal Dutta es estadounidense de origen indio, al igual que las protagonistas de It Lives Inside, una cinta de terror, muy presente en el panorama festivalero de género a nivel nacional, que se adentra un poco en la esencia de la mitología india peor que esconde varios temas sociales de fondo que le dan cierto interés.

La historia se centra en Sam, una adolescente estadounidense de origen indio que trata de asimilarse a sus compañeros en el instituto para ser aceptada, lo cual ocasiona problemas con su familia y con su amiga Tamira. Cuando un demonio de la mitología hindú secuestra a esta última, Sam debe acudir a su propia herencia cultural para descubrir cómo derrotarlo.

Realmente nos encontramos ante un producto típico del llamado terror juvenil, nada que no hayan visto muchas veces los aficionados a este tipo de productos, pero está bien realizado y tiene una ejecución más que correcta, creando un ambiente muy chulo y actual. Su parte “social” le da un poco más de interés, esa lucha de los jóvenes hijos de inmigrantes que son vistos por muchos como extraños a pesar de haber nacido en el país, a la vez que luchan contra parte de su propia familia que los llega a acusar de perder sus raíces. El punto floklorico queda un poco en la superficie, el propio Bishal se basó en historias que le contaban de pequeño para reinterpretar la parte mitológica de la película, pero el mismo no es propiamente indio y esta obra, curiosamente, apela a lo que comentábamos antes, esa especie de doble identidad de los hijos de la diáspora.

Me parece una película loable para un realizador joven que quiere producir cine, que bebe de sus referencias directas, el cine de terror occidental más juvenil, pero que introduce su propia dosis identitaria al resultado.

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