sorgo-rojo-1Hong gao liang (1987)
Director: Zhang Yimou
Guión: Chen Jianyu, Zhu Wei (basado en la novela de Mo Yan)
Actores: Gong Li, Jiang Wen, Teng Rujun, Liu Jia, Ji Chun Hua, Yusheng Li, Jia Zhaoji
Productora: Xi’an Film Studio
Director de fotografía: Changwei Gu
Música: Zhao Jiping

La ópera prima de Zhang Yimou Sorgo rojo está basada en la novela homónima del Premio Nobel de Literatura en 2012, Mo Yan. La novela se asocia al realismo mágico, del cual se contagia China a partir de 1984 cuando se publican el primer y el último capítulo de la novela de Gabriel García Márquez Cien años de soledad (1982) en la revista Shi yue (Ye, 2015), con la que García Márquez ganó el Nobel —quien a su vez bebía del modernismo de William Faulkner—. De hecho, la novela de Mo Yan siempre se cita cuando se habla de la influencia de García Márquez en China, a pesar de que el escritor chino defiende que leyó la obra del colombiano cuando ya había escrito Sorgo rojo en 1986. Lo cierto es que la literatura china tiene una larga tradición en lo que se refiere a elementos mágicos y ruralismo, con lo que es difícil calibrar la relación entre Faulkner, García Márquez y Mo Yan. Hay críticos, incluso, que llaman al movimiento literario chino “realismo zorruno” (mencionado en Ye, 2015) y nombran como precursor a Pu Songling (1640-1715). Cabe mencionar, también, que el boom del realismo mágico en China coincide con la corriente literaria de la literatura de raíces, y la razón detrás de esta coexistencia en el tiempo, es que los escritores retoman sus orígenes para no perderse en la vorágine de la globalización. De hecho, Mo Yan reconoce haber adaptado en sus novelas muchas de las historias que su tío-abuelo le contaba siempre en primera persona y que, a menudo se inventaba sobre la marcha (Yan & Li-chun Lin, 2006: 32-33). En cualquier caso, Mo Yan es el escritor estandarte de su generación y Sorgo rojo es la obra maestra que contiene la metáfora del destino del pueblo chino.

El film de Zhang relata solo el primer volumen —Sorgo rojo— de una serie de novelas serializadas en varias revistas, que cuentan la historia de una familia china de la provincia de Shandong entre 1929 y 1976. Desde los años anteriores a la Segunda Guerra Chino-Japonesa entre 1937-1945 hasta el inicio de las relaciones diplomáticas con Japón. “A priori, Sorgo rojo parece que trata de la guerra contra Japón. Pero, en realidad, trata del folclore y las leyendas que contaban mis parientes. Por supuesto, también trata de mi anhelo por un amor satisfactorio y una vida de libertad” (Yan & Li-chun Lin, 2006: 34).

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Igual que las historias del tío-abuelo de Mo Yan, el film abre con fundido en negro y una voz en over anuncia que nos va a contar la historia de cómo sus bisabuelos habían acordado la boda de su abuela Jiu’er con el viejo y leproso dueño de una destilería a cambio de una mula. Nos remontamos a julio de 1929. El país se encuentra en este momento completamente dividido, pues acaba de finalizar el período que se conoce como “la era de los señores de la guerra” y el Partido Nacionalista Chino —Kuomingtan— está en plena campaña contra el Partido Comunista. Además el peligro japonés es inminente, puesto que el objetivo principal de Japón en esa época es la Manchuria. En este contexto, Jiu’er (“Gong Li”) sube al palanquín rojo que la llevará a la villa de Shibalipo. «No se debe llorar o vomitar mientras se está sentado en el palanquín porque atrae la mala suerte. Cualquiera que levante el velo de la novia, invita al infortunio». Así, desde el principio, la narrativa del film subraya la superstición y la tradición china. El palanquín lo llevan a hombros los trabajadores de la destilería y Yu Zhan’ao (“Jiang Wen”), quien luego se convertirá en el abuelo del narrador. Mientras el palanquín atraviesa los campos de sorgo, un bandido les asalta e intenta violar a Jiu’er, pero Yu lo mata y la salva. No solo Jiu’er ha llorado dentro del palanquín, sino que el bandido ha levantado su velo. Tres días después, Jiu’er recorre los campos de sorgo para regresar a casa de sus padres como manda la tradición y Yu la asalta por el camino con la intención de violarla. Cuando Yu se quita la capucha y Jiu’er le reconoce, accede a acostarse con él. Al día siguiente, el viejo leproso aparece muerto y la viuda hereda la destilería. Después de que Jiu’er acepte a Yu como esposo, el film hará una elipsis en el tiempo y veremos al padre del narrador convertido en un niño de nueve años. Para entonces ya ha estallado la guerra y los soldados japoneses destruirán la paz de la comunidad, despellejando vivo a uno de los trabajadores más respetables de la destilería. Ante el horror de la muerte de Luo Han, Jiu’er alentará a sus empleados a rebelarse contra el ejército japonés.

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Aunque el propósito del director sea retratar a la humanidad atrapada en la historia (Tan & Zhang, 1999-2000), el contexto histórico del film es absolutamente determinante para los personajes porque durante la Segunda Guerra Chino-Japonesa entre 1937 y 1945, las instituciones de poder chinas se tornaron incapaces de proteger a su población, dejándola a merced del hambre, de la pobreza y del sufrimiento. El pueblo chino es exactamente igual que los campos de sorgo: «Nadie lo sembraba, nadie lo cuidaba. La gente de mi pueblo decía que era sorgo salvaje y que este lugar estaba encantado». Por eso, Zhang insiste una y otra vez en mostrarnos el sorgo rojo como metáfora de sus habitantes: cuando Jiu’er y Yu hacen el amor en el campo y el sorgo se balancea libre y victorioso a la merced del viento; y también cuando mueren todos los trabajadores de la destilería excepto Yu y su hijo, la cámara nos muestra primero el sorgo amenazado por el fuego, y luego el sorgo crecido intentando alcanzar el sol.

Esta escena final es especialmente lírica. La puesta de sol al fondo del primer plano de Yu, simboliza la bandera de Japón. Jiu’er yace a sus pies sin vida pero él solo puede mirar cómo ella avanza hacia el sudeste, mientras oímos en off la balada que le cantó la primera vez que hicieron el amor en los campos de sorgo.

Niña, ve con valentía
Ve y no mires atrás
Miles de caminos llevan al cielo.
Miles de…
Niña, ve con valentía
Ve y no mires atrás

Las nubes son incapaces de tapar al sol en este plano. Yu mira en cámara subjetiva los restos de la batalla, la sangre, el fango rojo, los cuerpos inertes. Y entonces Zhang corta, y nos muestra un plano general de la mesa lista para la comida en la destilería, vacía, y luego un primer plano de la misma mesa pero aquí advertimos las luces en diagonal que representan las almas de los que ascienden al cielo. Volvemos al plano de Yu, y las nubes consiguen tapar el sol radiante. La cámara corta y vemos un eclipse solar rojo en primer plano y, es en ese momento que el rojo se apodera de todo. Es la llegada de una nueva era. El espectador entiende, entonces que el sorgo, pues, crecerá imparable ante la balada del padre del narrador.

¡Madre! ¡Madre!
Camina hacia el sudeste
Los caminos son anchos y las naves largas
¡Madre! ¡Madre!
Camina hacia el sudeste
Los caballos son fuertes y las alforjas suficientes
¡Madre! ¡Madre!
Camina hacia el sudeste
Quédate cuando estés feliz,
Gasta el dinero cuando tengas problemas.

Si el sorgo representa el nexo de los aldeanos con la tierra y con los miembros de su comunidad, la destilería de Shibalipo es, sin embargo, un micro-edén ajeno a lo que ocurre en el resto de China, ajeno a la historia. Pues, Jiu’er ha instaurado un matriarcado que gozará de nueve años de felicidad hasta que las tropas japonesas lo aniquilen. A partir de la muerte de Luo Han y de que los soldados obliguen al pueblo a pisar el sorgo, el rojo de ansias de libertad tomará por completo la escena. Jia-Xuan (1989) relaciona el plano del fundido en negro del comienzo con la opresión, mientras que el rojo que luce Jiu’er expresa su pasión que a medida que transcurre la historia va apoderándose del cuadro. Sobre todo en la última parte del film. Primero, durante la noche en la que toda la comunidad de la destilería toma vino por última vez y luego cuando finaliza la lucha. Entonces el rojo de la tierra, el del sorgo y el de la sangre de los caídos se entremezclará y chillará más que nunca, pues tendrá una larga batalla por librar para recuperar su libertad.

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Los críticos interpretan el film de formas muy diferentes. Hay quien afirma que la adoración del vino de sorgo rojo es una celebración de la fuerza vital dionisíaca y de la virilidad masculina. Ciertamente, a los trabajadores les une el licor y su adoración al dios del alcohol, pero para mí el film, no obstante, está rodado más como un western telúrico que como un canto a la virilidad. Los márgenes de la destilería están siempre presentes gracias a la enorme roca que sirve de entrada y marcan también los límites del micro-edén. Casi podríamos decir que la roca simboliza la entrada al matriarcado. Fuera de esto márgenes, el mundo libra una guerra feroz que Luo Han tendrá que enfrentar cuando los transgreda. Por eso, el licor no es más que el producto de la tierra que además une a los miembros de la comunidad y los hace a todos iguales.

Si bebes nuestro vino,
Respirarás bien y no toserás;
Si bebes nuestro vino,
Te encontrarás bien y tu boca no olerá mal;
Si bebes nuestro vino,
Te atreverás a atravesar Qingshakou solo;
Si bebes nuestro vino,
No te arrodillarás ante el emperador…

Hay quien ve un parricidio en la muerte del viejo leproso que simboliza la instauración de un nuevo orden que luego destruirán los soldados japoneses; y también hay quien interpreta que la abuela y los campos de sorgo representan una presencia matriarcal en un mundo manipulado por hombres y que, por eso, Liu’er debe morir ya que no puede ser poseída por ningún hombre. Lo cierto es que Jiu’er podría fácilmente haberse desposado con Luo Han después de la muerte de su marido y restablecer el orden patriarcal en la destilería. Y, sin embargo, se casa con el tosco y salvaje de Yu y crea una comunidad de iguales. Es, sin duda, un nuevo orden en el que el rojo del sorgo no tendrá frenos excepto los que le impondrá la historia.

Zhang Yimou ganó el oso de oro en Berlín con Sorgo rojo, el primer film chino en ganar un festival internacional. Sin embargo en China se reprobó que el film presentaba la tradición china como un freno a la modernidad y que el mensaje del director era precisamente ese: que una cultura que se aferraba a sermones y eslóganes vacíos e idealizados estaba destinada a perecer, igual que los trabajadores de la destilería (Jia-Xuan, 1989).

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A mí, no obstante, me parece muy tentador interpretar a Jiu’er como a la madre patria y al rojo del sorgo como la revolución que está por llegar y que impregna todo el film hasta que se hace con el encuadre por completo. Llámese revolución, libertad o pasión. El mismo Zhang ha afirmado que el rojo de sus filmes no es puramente político, es más una conmemoración de la libertad, la exuberancia, y las aspiraciones y deseos más primarios que tanto el confucianismo como el comunismo han privado al pueblo chino: “Nosotros los chinos hemos sido demasiado moderados, demasiado reservados… el rojo infinito de los campos de sorgo estimula la excitación sensorial… Potencia el deseo de vivir” (Tan & Zhang, 1999-2000). Y es precisamente ese deseo de vivir el que hace a Jiu’er aferrarse a sus tijeras afiladas en el palanquín rojo. A pesar de los augurios de mala suerte y de la traición de sus padres, se niega a entregar su cuerpo a su marido leproso para abandonarse en los campos de sorgo al deseo que siente por Yu. Es precisamente ese deseo de vivir el que el tanto el director Zhang Yimou como el escritor Mo Yan anhelan para el pueblo chino.

Bibliografía
Yan, Mo & Sylvia Li-chun Lin (2006). «My American Books». Manoa, 18 (1), 31.35.
Con Davis-Undiano, Robert (2012). «A Westerner’s Reflection on Mo Yan». World Literature Today, 12 de octubre. En línea: http://www.worldliteraturetoday.org/westerners-reflection-mo-yan [consultado el: 07/12/16]
Jia-Xuan, Z. (1989). «Reviewed Work: Red Sorghum by Zhang Yimou». Film Quarterly, 42 (3), 41-43.
Tan, Ye & Zhang, Yimou (1999-2000). «From the Fifth to the Sixth Generation: An Interview with Zhang Yimou». Film Quaterly, 53 (2), 2-13.
Ye, Fan (2015). «El olor a guayaba y el sabor del sorgo rojo: el realismo mágico en la literatura China y de Latinoamérica». Co-herencia, vol. 12, no. 22, enero-junio, pp. 27-29.

Redacción: Sabrina Vaquerizo (@svaquerizo)

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