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Nuestro segundo día en el Festival de Cine Fantástico de Sitges empezaba más bien tarde, es lo que tienen las maratones, que te dejan KO quieras o no y si te levantas temprano luego duermes la mitad de las películas. Pero el empezar un poco tarde no desmereció uno de los mejores días que pasamos en el festival a nivel asiático, a pesar de que más de uno discrepará con mi opinión.

Comenzamos con una animación de la cual sinceramente no había tenido referencias antes del festival. The Anthem of the Heart, dirigida por Tatsuyuki Nagai y guionizada por una de las veteranas del anime japones como es Mari Okada, nos traslada a la feliz vida de una risueña niña pequeña que habla por los codos y está encandilada con el castillo de la colina, un hotel. En una de sus escapadas a él ve a su padre salir en coche de allí y poco después se lo cuenta a su madre… la pareja acaba de divorcio, y se achaca en cierto modo a la propensión a hablar de la niña de esto. Ante tal shock aparece un huevo mágico que hace que la joven no pueda hablar fácilmente con otras personas, prometiéndole ser feliz así. Pasados los años la clase de la ya adolescente debe encargarse de la obra cultural y ella es elegida, entre otros, para hacerlo.

Realmente nos encontramos ante una gran pieza de animación en donde la clave es el desarrollo de los personajes, que los llevara de freaks, antisociales o que niegan sus propios sentimientos a reconocer sus carencias y desarrollarse a si mismos, la joven Jun es solo el nexo de unión y catalizador, junto con la obra musical que deciden realizar el la escuela, para este proceso, aunque Jun también lo sufrirá en sus propia persona abriéndose de nuevo al mundo, a través de la obra primero, y plenamente después. El aislamiento no es la solución a la búsqueda de la felicidad, y quien no se arriesga o no comete errores, tampoco cometerá aciertos u obtendrá sus metas.

Tanto a nivel técnico como narrativo la película es una delicia, a esto lo acompaña una banda sonora plagada de clásicos y muy musical, por ser este “himno” el eje central de la película. Realmente me encantó y os la recomiendo sin lugar a dudas.

Kurando y Hayate

Tras esta pequeña maravilla animada nos acercamos a los jardines del Melia para entrevistar, junto con nuestros compañeros de Cineasia, al director Mitsutake Kurando y al actor Hayate en torno a la película Karate Kill. En la anterior entrega de estas crónicas ya os he hablado de ella, además ya entrevistamos a Kurando hace un par de años en su anterior paso por Sitges.

En esta ocasión quisimos centrarnos mucho en esta nueva producción, grabada con un presupuesto bajísimo pero bastante interesante y bien llevada en algunos momentos, con ese estilo serie B americana de parque de caravanas y desguace en el desierto que a mi me gusta tanto. También conocimos un poco mejor a Hayate, un tipo interesante, practicante de Karate y dueño, junto a su hermano, de cuatro Dojos en Japón. El Karate que se ve en la película es una modalidad bastante antigua de la disciplina, orientada principalmente en matar o incapacitar lo más rápidamente posible al enemigo, cosa que también supuso un reto a la hora de coreografiar la producción y que fuera más vistoso en pantalla. Durante las próximas semanas podréis leer la entrevista competa.

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Nuestro día siguió con la película clave, la que más ganas tenía de ver en este festival, Shin Godzilla, el retorno, o más bien renacimiento, del saurio gigante en Japón de la mano de Hideaki Anno (Evangelion) y Shinji Higuchi (Ataque a los Titanes).

He de reconocer que ya sabia, en parte, que me iba a encontrar en la película, gracias al bueno de Fernando DeMontre que la vio en Osaka hace algún tiempo y nos informó debidamente a través de las redes sociales, pero es que superó mis expectativas a todas luces, creando una conjunción de mordaz, y casi delirante, crítica política hacia la burocracia, el control tácito estadounidense de Japón y el poder nuclear, de nuevo presente y eje central de la película. A esto se le añade una Godzilla que en su primera aparición seguro echo para atrás a la mayoría del público que estaba en la sala, pero que se destapa entre homenaje y reconversión a las películas y efectos visuales clásicos, para luego reaparecer como un poder destructor, un tsunami, un desastre natural incontrolable con un poder destructor descomunal y exagerado.

El grueso de la película es básicamente la gestión de la crisis que genera el saurio gigante, primero en tono de cómica crítica política, después desde un punto de vista más serio, incidiendo en largas conversaciones con mucho fondo en esa relación EEUU-Japón que antes comentaba, que esconde muchos detalles que creo merece la pena percibir (por ejemplo, el nombre de Godzilla se lo ponen los americanos, incluyendo la palabra God por su poder, el representante japonés afirma incrédulo que “Gojira” no significa nada en japonés, y que usaran ese nombre porque tampoco tiene otro). Realmente me pareció una película de detalles, de conversación. Hideaki Anno retoma muchos puntos de la serie animada Evangelion y utiliza muchos recursos de aquella en esta, pero no de una forma sutil no, llega a utilizar partes muy conocidas de la banda sonora que cualquier aficionado reconocerá, además de recursos en la forma de grabar los ataques a Godzilla, las tomas del monstruo en la ciudad y muchos más detalles.

Entiendo a la gente que no le gustó, que quizás no entraron en tanta conversación, que esa primera aparición de Godzilla la comparaban con una carreta de feria o que se quedaron en que los ojos no se movían como en un muñeco cutre. Pero también creo que eso es quedarse un poco en la superficie y esta película esconde mucho debajo, una visión que apela al espíritu del Godzilla 1954 sustituyendo el drama por lo sátiro, pero manteniendo una dura crítica a la situación japonesa.

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Nuestro día concluía esta vez a horas un poco más favorable con otra de las películas clave de este festival, y de las coreanas que más me habían tenido interesado antes del festival.

Train to Busan es la primera incursión sería, y menuda, en el cine de “acción real” del coreano Yeon Sang-ho, director de animación crudo, oscuro y muy director que ha dado a luz peliculones como King of Pigs y The Fake. Todos los que hayáis visto estas dos películas sabréis el duro estilo de narración de este director, aunque en esta ocasión lo deja todo en Seoul Station, animación suerte de precuela o historia simultanea de esta que vimos algunos días después.

La película narra el inicio de un apocalipsis zombie en Corea del Sur, con una escena de introducción que me pareció genial, centrado en un padre, magníficamente interpretado por Gong Yoo (que también vimos en The Age of Shadows), que lleva a su hija a Busan para que vea a su madre. La pareja llegará justo para tomar el tren hacia la ciudad coreana y allí se encontraran con otros personajes que los acompañaran en esta aventura. Lo que hay que tener claro desde un principio es que esto es un Blockbuster en toda regla, una película pensada en ese sentido, llena de personajes típicos, más de un cliché, adaptaciones según la necesidad de la situación (un tren no es un lugar fácil para desarrollar una película) y un poco para todos los públicos (en cierta manera) a pesar de la temática. Pero a la vez es una de las películas más divertidas y amenas que he visto en tiempo, me lo pasé en grande, creo que el zombie (de los que corren) están bastante bien representados (salvo en un par de escenas), tiene muy buen equilibrio entre drama, comedia y acción, y su tramo final, salvo por lo previsible, es bastante bueno. Además a nivel de dirección me parece realmente destacable, no obstante Yeong Sang-ho ganó el premió a mejor dirección al finalizar el festival.

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