Reseñas

Devil’s Temple y Magoichi Saga – (re)descubriendo a Kenji Misumi

Devil’s Temple -鬼の棲む館, 1969- es, quizás, la primera película de Kenji Misumi que vi en su momento fuera de los Zatoichi y los Lone Wolf, y por ello le tengo un cariño especial. No obstante, nos encontramos ante una grandísima película, mucho menos conocida que otras obras del director pero que merece atención por muchos motivos.

El guion, al igual que en la anterior Destiny’s Son, vuelve a la mano de Kaneto Shindo, que esta vez adapta una obra de uno de los más prominentes autores de la literatura japonesa moderna, Junichirō Tanizaki. Los escritos de Tanizaki han sido traducidos y adaptados en numerosas ocasiones, en España puede encontrarse buena parte de ellos en diferentes editoriales, pero sus obras de teatro son mucho menos conocidas y estudiadas. Devil’s Temple se basa en una de estas obras escrita en 1925, Mumyō to Aizen -無明と愛染-, que vendría a traducirse como “Ignorancia y lujuria/amor”, y que nos presenta una especie de parábola Budista en torno a los deseos, la obsesión y la retribución moral. No es baladí la mano de Shindo en esta temática ya que no difiere tanto de la esencia moral de la anterior Onibaba, una de las obras clave del terror clásico japonés.

La historia vuelve a situarnos en ese periodo convulso de guerras en Kyoto, donde Mumyo Taro (Shintaro Katsu) ha huido de la ciudad hace un tiempo con su amante Aizen (Michiyo Aratama) y se ha refugiado a vivir en un templo aislado. La película comienza con Kaede (Hideko Takamine) llegando al templo en busca de su marido para intentar sacarlo de las manos lujuriosas y manipuladoras de Aizen, pero no le será tan fácil. Eventualmente, y casi por orden de Aizen, Mumyo se convertirá en uno de los bandidos mas sanguinarios del momento, hasta que un día llega la templo un monje errante (Kei Sato), al cual Kaede pide ayuda.

Shintaro Katsu, conocido internacionalmente por Zatoichi, da vida a un antiguo samurái convertido en bandido prepotente y bocazas, pero pusilánime antes las dos mujeres que le rodean, una que lo ama a pesar de todo, otra que parece jugar con él. En cierto momento unos samuráis heridos llegan al templo y Mumyo los mata a todos sin contemplaciones. Mientras Kaede corre a limpiarle la sangre, Aizen lanza una mirada seductora a Mumyo y se desnuda, provocando la lascivia del hombre que deja tirada a Kaede para hacer el amor con ella.

Todas las interpretaciones son realmente destacables y el propio guion mantiene el interés y nos ofrece bastantes detalles que realzan aún mas si cabe su esencia budista. La aparición del sacerdote desata el tramo final de la película: resulta que la relación anterior del hombre con Aizen fue lo que provocó que quisiera dejar los deseos atrás y despegarse de las obsesiones. La mujer, por su parte, decide vencerlo volviendo a seducirlo y rompiendo su nueva vida. En cierto momento ella se quita la ropa y la lanza al viento, cayendo sobre una estatua de buda del viejo templo y tapándolo pro completo.

Grabada casi en su totalidad en una sola localización, su fuerza visual y simbólica es muy interesante y Kenji Misumi vuelve a ofrecernos grandes planos de luces y sombras, secuencias que se interconectado realzando su simbolismo y esa artesanía visual que tan bien trabaja.

Ese mismo 1969 el director estrenaría otra película diametralmente distinta, The Magoichi Saga -尻啖え孫市-, un drama de acción histórico ambientado en el convulso periodo Sengoku basado en una historia original de Ryotaro Shiba, autor que ha sido llevado al cine en obras tan interesantes como Assassination (1964), Hitokiri (1969) o Taboo (1999).

En torno a mediados del siglo XVI existió en Japón un destacamento de luchadores libres, en su mayoría plebeyos, armados con arcabuces y que llegaron a contar con mas 3000 miembros. Los lideraba la familia Saika, cuyo miembro más destacable sería Saika Magoichi, quien adopto el Yatagarasu (cuervo de tres patas) como emblema, se enfrentó a Oda Nobunaga y apoyo la resistencia del templo Hongan-ji, al que pertenecían muchos de los miembros del grupo mercenario.

Sobre este personaje histórico se monta un guion por y para Kinnosuke Nakamura, protagonista indiscutible con su Magoichi honesto, aunque pícaro y mujeriego, enamorado de una mujer a la que solo ha visto los pies. Su carácter alegre pero fiero, con una inercia a enfrentarse a todo aquel que quiera coartar su libertad, casi lo convierten en una especie de Robin Hood local, que sigue sus instintos, pone la amistad en primer plano a pesar de todo y cumple con su palabra de forma fiel. Magoichi pasara por varios momentos en su búsqueda de la joven, que cree la hermana de Oda Nobunaga (Shintaro Katsu) y conocerá a Tokichiro (Katsuo Nakamura), con el que entablará una relación de amistad a pesar de adentrarse en un juego de engaños para ganarse el favor de la fuerza mercenaria.

Quizás sea porque justo antes había visto Devil’s Temple o porque en los últimos días he visto muchos de los grandes dramas samuráis que ha realizado Kenji Misumi, pero he de reconocer que la película me ha dejado un poco frío. Aunque ahí está, veo mucho menos del Misumi que me gusta en ella y la película se siente un poco anodina por momentos. No diría anodina, pero si genérica, sin destacar en nada concreto que la haga sobresalir sobre otras obras de entretenimiento del momento. La banda sonora del legendario Masaru Sato me ha resultado extraña, acercándose al western y con momentos de esencia casi cómica; El fotógrafo Kazuo Miyagawa hace un grandísimo trabajo, pero dista de ser su mejor obra; Las batallas que requerían un gran despliegue de medios se sienten un poco a medias, con numerosos planos cercanos de esos que simulan ir a caballo y que no aportan demasiado. Seguramente se grabó con un presupuesto ajustado y sea un poco el reflejo de la decadencia que comenzaba a oprimir al estudio DAIEI, que se declararía en bancarrota en 1971.

A pesar de todo, Magoichi Saga es una película muy entretenida, con unas relaciones entre personajes dinámicas y divertidas, en especial entre Magoichi y Tokichiro. El hecho de que casi todo el drama lo mueva la obsesión del protagonista por una joven, le da un punto diferente y pícaro, sobre todo porque a Magoichi le gusta mirar las piernas de las chicas y beber toda la noche, como buen “samurái rural”. Sabiendo lo que uno va a ver se disfruta bastante, no hagan como yo y se esperen un drama de época de esos trágicos y aleccionadores.

Jorge Endrino

Informático de profesión y cinéfilo por afición. Amante del cine de género en general gusta enormemente del cine clásico y los géneros más puramente asiáticos: Kaiju Eiga, Wuxia, Chanbara, Jidai Geki, Kung fu...

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Botón volver arriba