Kaijin (怪人) se vendría a traducir literalmente como “persona misteriosa”, pero es una acepción que se utiliza para definir a monstruos de aspecto humanoide o villanos con poderes sobrenaturales, utilizada generalmente en el mundo del anime japones o las series televisivas tipo Kamen Rider o Ultraman. Al contrario que el Kauji (怪獣), que hace referencia general a monstruos de aspecto no humano como Godzilla, la presencia cinematográfica de este tipo de personajes no es tan marcada, pero tuvo su hueco en el cine de ciencia ficción de la Toho entre la década de 1950 y 1960.
Uno de los primeros exponentes dentro del estudio hace referencia directa a un personaje muy conocido en la ciencia ficción occidental, aunque con bastantes variaciones. Invisible Man (透明人間, 1954) se estrenaría tan solo un mes después de Godzilla de la mano de Motoyoshi Oda, quién justo después dirigiría Godzilla Raids Again, la segunda entrega de la saga.
En Ginza un coche parece haber atropellado algo pero no hay victima hasta que un cadáver aparece de la nada junto a una nota de suicidio. La nota da a entender que al menos otro hombre invisible sigue con vida y la investigación revela que durante la guerra el Dr. Nishizaki descubrió una partícula capaz de volver invisible cualquier objeto, y se creo una división de hombres invisibles de la que, tras el accidente, solo queda vivo uno. Mientras tanto un grupo de maleantes afirman ser hombres invisibles mientras roban impunemente.
Esta es una película que centra sus esfuerzos mucho más en los traumas de la posguerra japonesa que en una cinta de género cercana al terror, como sus adaptaciones occidentales. Su guion, a veces farragoso y no especialmente bien explicado, se articula más como una película de investigadores y robos, con un hombre invisible, interpretado por Seizaburo Kawazu, que pone de manifiesto constantemente los horrores que ha sufrido por la pasada guerra y que se aleja del villano que suele encarnar este personaje, más bien todo lo contrario. Un personaje de aire tragicómico y sentimental, como el disfraz que utiliza para ocultarse.

Bien dirigida y con un montaje interesante, no deja de ser un producto de su época, con esas constantes escenas gratuitas de cabaret y números musicales, la fuerte presencia de sus personajes y las claras referencias a los horrores de la guerra. Su parte técnica, como en casi toda la ciencia ficción clásica de la Toho, corre de la mano de Eiji Tsuburaya, que utiliza juegos de cámara y artefactos bastante ingeniosos, aunque de presencia discreta.
Realmente esta no es la primera adaptación del personaje a las pantallas japonesas. En 1949 la Daiei estrenaba The Invisible Man Appears (透明人間現わる), dirigida por Nobuo Adachi y también con Eiji Tsuburaya en los efectos visuales. Adaptación mucho más estándar, con su científico investigador, su organización criminal y su robo de joyas, está considerada uno de los primeros Tokusatsu modernos. A esta le seguiría, ya en 1957, la excéntrica The Invisible Man vs. The Human Fly (透明人間と蝿男), donde la policía investiga una serie de asesinatos donde se ha escuchado un extraño zumbido. Imagínense, un asesino que se encoge hasta tener el tamaño de una mosca para cometer sus crímenes, una locura de ciencia ficción que también introduce el sentir de la posguerra, pero que se adentra en un universo pulp mucho más particular. Los efectos especiales corren a cargo de Toru Matoba, quien poco antes había participado en la peculiar Warning from Space (宇宙人東京に現わる, 1956)
La conocida como “Transforming Human Series” (変身人間シリーズ), una saga de películas que ni siquiera creo que se planificaran en conjunto más allá de tener unas temáticas parecidas en la presencia de Kaijin en los papeles negativos, se inicia en 1958 con The H-Man (美女と液体人間), dirigida por uno de los padres de Godzilla, Ishiro Honda.
En una noche lluviosa un gangster lleva un paquete de drogas hacia el maletero de un coche, pero es atacado por una figura desconocida, su compañero huye y el tipo es atropellado accidentalmente por un coche policial. Lo peculiar es que no hay cadáver y solo queda la ropa del gangster. Comienza una investigación en torno a Chikako, cantante de un cabaret y pareja del gangster, a la vez que un joven científico intenta alertar a la policía de que quizás la lluvia radioactiva sea la que provoca que los cuerpos se derritan.
Una película que comienza como cine negro pero que poco a poco va adentrándose en la ciencia ficción con la historia de esos seres mutados por el poder atómico cuyo contacto desintegra a otros, en un símil muy claro con la propia Godzilla y sus denuncias en torno al poder atómico. Este es un tema recurrente en el cine japones de la década de 1950, sobre todo en su ciencia ficción, e Ishiro Honda es especialista en tomar imágenes reales de estos horrores y replicarlas en sus películas, cosa que aquí también puede apreciarse.

Me gusta especialmente los efectos visuales, llenos de juegos de cámaras y efectos de superposición, dejando imágenes muy cercanas al terror y un climax final muy espectacular. También me encanta el hecho de ver rostros muy conocidos del cine de la Toho, como Akihiko Hirata, el atormentado doctor Serizawa en Godzilla, o Yoshio Tsuchiya. Particularmente Tsuchiya aparece en todas las películas del estudio que comentaremos en este artículo, sea en papeles protagonistas, secundarios o de villano.
Ya en 1960 vería la luz The Secret of the Telegian (電送人間), una de las primeras películas dirigidas por Jun Fukuda, y quizás una de las mejores que realizó junto con alguno de sus policíacos. Fukuda nunca brilló en el mundo del Kaiju Eiga, con sus monstruos de goma y sus guiones cada vez más anodinos, sin embargo si que tiene pulso en policíacos y cintas de acción como Ironfinger (100発100中, 1965), Golden Eyes (100発100中 黄金の眼, 1968) o ESPY (エスパイ, 1974).
En la “Cueva del Terror” del parque de atracciones ha ocurrido un extraño asesinato, un hombre ha sido apuñalado y nadie ha visto al asesino ni aparentemente ha podido escapar de la escena del crimen. El reportero Kirioka, el detective Kobayashi y el jefe de policía Onosaki se lanzan a la investigación y descubren la vinculación entre el sospechoso dueño de un cabaret y un suceso extraño hace 14 años donde un grupo de militares debían proteger a un científico que realizaba experimentos ultrasecretos.
Como comentaba anteriormente, Fukuda tenía buen pulso en sus thrillers policíacos y de acción, y eso es básicamente esta película con un guion bien construido, obra de Shinichi Sekizawa, que va conformando un pequeño puzle de recuerdos y descubrimientos bastante interesante. Su intriga está bien ejecutada, sus persecuciones son intensas, sus personajes interesantes y brilla esa forma de narrar sin diálogos que se prodiga mientras ocurren números musicales en el cabaret. Los resquicios de la guerra siguen apareciendo como base de su guion, pero esta vez no para poner de manifiesto los traumas pasados.

Vuelvo a poner en primer plano el elenco actoral, ya que juntamos aquí a Koji Tsuruta como el periodista Kirioka, Akihiko Hirata como el inspector Kobayashi y Yoshio Tsuchiya como el capitán Onoshaki, además del papel negativo del siempre interesante Tadao Nakamaru. La presencia y buen hacer de estos, y otros muchos, rostros conocidos del estudio dan fuerza a una película que podía haber caído fácilmente en un pozo muy profundo. Personalmente es de mis favoritas de este breve articulo.
A finales de ese mismo 1960, Ishiro Honda volvería a la carga con la última entrega de esta trilogía temática con The Human Vapor (ガス人間第一号), película que da título a este artículo principalmente porque este 2026 se estrena una serie homónima que adapta la base del guion de la misma en un proyecto muy ambicioso en cuanto a presupuesto y equipo técnico.
Un robo en la caja fuerte del banco desconcierta a la policía, la única persona con llave en el edificio esta asfixiada dentro de la caja y la puerta está cerrada. ¿Cómo pudo escapar el criminal? Sucesos similares y asesinatos comienzan a producirse mientras una intrépida reportara y un malhumorado policía colaboran en el caso, en el que parece estar implicada una conocida bailarina de teatro Noh y su misterioso benefactor.
Durante su primera mitad el guion de Takashi Kimura monta la ya típica investigación criminal, con un toque de humor en la relación entre la reportera y el policía, donde ella es mucho más avispada y resuelta que el investigador. La cosa es que el misterio del “Hombre gaseoso” no tarda mucho en resolverse y a partir de ahí la cinta es casi una tragedia Shakespiriana, una historia de amor imposible entre una mujer que lo único que quiere es volver a actuar para sentirse realizada y un hombre que debido a su poder ya casi ha dejado de serlo, haciendo lo que considera oportuno por su amor, más allá de implicaciones morales. Una tragedia donde empatizar con esta pareja más que con las fuerzas de la ley, capaces de decisiones igualmente amorales por terminar con la “amenaza”, sobre todo en un tramo final digno de un poema del propio Shakespeare.

The Human Vapor no busca el género por todos los medios, ni siquiera están presentes los traumas de la posguerra. Tiene acción, intriga, drama y dejes de terror, pero es una tragedia romántica que merece muchísimo la pena disfrutar.
Para ir cerrando este artículo y no hacerlo más extenso, y ya que estamos con Ishiro Honda en la dirección, Eiji Tsuburaya en los efectos visuales, Takashi Kimura en el guion y Yoshio Tsuchiya en un papel destacado, se me hace imposible no hablar de esa maravilla que es Matango (マタンゴ, 1963), donde, además, podremos ver a Akira Kubo, Kumi Mizuno, Hiroshi Koizumi y Kenji Sahara, entre otros rostros conocidos.
Un grupo de jóvenes disfrutan de una travesía en velero, patrocinada por uno de ellos, jefe de una gran empresa. Entre diversión y risas, obvian las advertencias del capitán del barco que recomienda volver ante la amenaza de tormenta, pero al final esta estalla y naufragan en una isla desierta entre una densa niebla. La isla parece desierta, desconcertante y silenciosa. En su búsqueda encuentran otros naufragios y una investigación sobre los extraños hongos que crecen en la isla. ¿Podrán comerlos para sobrevivir?
Matango tiene un problema de base y es el subtítulo por el que se la conoce internacionalmente “Attack of the Mushroom People”. Es inevitable que no nos venga a la cabeza alguna cinta de monstruos asesinos, y nada más lejos de la realidad. Matango se adentra en la fantasía oscura, se acerca mucho más al cine de terror, a un Kaidan clásico de atmósfera opresiva tanto en lo visual como en lo sonoro.
La película muestra las miserias humanas en sus momentos de supervivencia isleña, sacando el verdadero carácter de sus personajes, gente guapa, rica o supuestamente estable emocionalmente capaz de desmoronarse de las formas más oscuras, pensando que el dinero tendrá algún valor en este entorno o siendo capaces de cualquier traición para beneficio propio. Matango realiza una crítica feroz a esa actitud capitalista del boom económico tras la postguerra que daba la espalda a los valores tradicionales y a la propia naturaleza.

En su parte de fantasía, la cosa es a la vez colorista y opresiva, con un gran uso tanto de la banda sonora como de los efectos sonoros, o la ausencia de ellos. La cinta se cuece a fuego lento, primando su atmósfera, y no necesita grandes alardes monstruosos para crear terror en el espectador. Realmente es fácil dejarse arrastrar por sus aires de pesadilla Lovecraftiana; no en vano, el guion adapta un relato de William Hope Hodgson, cuya obra influyó al propio Lovecraft.



