En 1967 el actor Shintaro Katsu funda su propia productora, Katsu Productions (勝プロダクション), con la idea de participar en sus películas, comenzando con varias entregas de la saga de Zatoichi en coproducción con la Daiei o cintas independientes que él mismo protagonizaría como The Man Without a Map (燃えつきた地図, 1968) de Hiroshi Teshigahara. También le valdría para dar el salto a la dirección una vez que la Daie deja de existir, siendo su debut la película de detectives y yakuzas Kaoyaku a.k.a. The Big Boss (顔役, 1971), donde da vida a un detective que deberá investigar un escándalo bancario.
Comenzada la década de 1970 la productora se adentraría en dos sagas por las que sería reconocida a nivel internacional por legiones de fans: Lone Wolf and Cub y Hanzo the Razor, ambas adaptaciones de sendos mangas de Kazuo Koike, autor y guionista de algunas obras clave del manga de la época: En la década de 1960 crea el manga criminal Golgo 13 junto a Takao Saito; En 1970 da vida a Kazure Okami (Lobo solitario y su cachorro); En 1972 es guionista principal de Lady Snowblood y crea, además, Kubikuri Asa (Asa el ejecutor); A finales de la década de 1980 también crearía, junto a Ryoichi Ikegami, el conocido manga de Crying Freeman. Y estos son solo algunos ejemplos.
Hanzo the Razor se basa en el manga Goyokiba y, tal y como sucedió anteriormente en Lone Wolf and Cub, el guion de su primera entrega es una adaptación del propio Kazuo Koike. Shintaro Katsu da vida a Hanzo “The Razor” Itami, un policía en el periodo Edo de mal carácter y métodos expeditivos, donde el cuerpo estaba tan denostado y limitado que poco podía hacer por mantener el orden público más allá de meterse con los pobres. Pero Hanzo no se deja amedrentar y enfrenta con violencia la corrupción y los desmanes de los poderosos, utilizando cualquier método a su alcance y rompiendo la mayoría de los convencionalismos sociales establecidos.

En esta primera entrega de la saga, Hanzo the Razor: Sword of Justice (御用牙, 1972), nuestro protagonista deberá enfrentarse en primera instancia a su propio jefe, un corrupto jefe de policía mujeriego y que acepta sobornos sin hacer correctamente su trabajo. Además, enfrentará al sistema en pos de buscar culpables y obtener herramientas con las que llevar a cabo su trabajo. Este caso ira derivando al de un asesino que debería haber sido desterrado pero que se le ha vuelto a ver por la ciudad y un complot en las altas esferas.
Hanzo es el prototipo de antihéroe, violento, manipulador e iconoclasta. Vemos que trabaja para el pueblo, que quiere atrapar a los maleantes y dejar en vergüenza a los que ostentan el poder sin merecerlo, poner en valor el trabajo de policía, pero sus métodos son impactantes. Una de las cosas que más sorprenden si uno desconoce al personaje son sus continuas referencias sexuales, y es que la película se adentra en los terreros del exploit sexual, no explicito, pero si directo. Hanzo se autotortura para ver los límites del cuerpo humano y poder así ser mas eficiente cuando tortura a un sospechoso. Hanzo tiene un enorme pene con el que sonsaca información a las sospechosas, que caen rendidas antes él en sus sesiones de bondage policial. Es más, vemos explícitamente su rutina de baño, donde se golpea el miembro con un palo o penetra un saco de arroz a modo de entrenamiento.

Pero no me entiendan mal, la película se centra en su historia policíaca y de investigación, en los enfrentamientos de Hanzo contra el poder, dejando sus chorros de sangre para momentos clave de enfrentamientos, y sus torturas sexuales para sus dos sospechosas de rigor. La película gira entre enfrentamientos, investigación y “torturas”, en una dinámica entretenida pero, en parte, desconcertante.
Sea como sea, Kenji Misumi le da el buen acabado al que nos tiene acostumbrados, con sus primeros planos y juegos de luces y sombras, con son enfrentamientos efectistas y excelentes localizaciones. Además, la banda sonora es muy del momento, con piezas que parecen sacadas de una Blaxploitation americana y le dan un encanto especial al conjunto. Toda la saga es, en realizad, muy de los 70, una década donde vimos el auge del exploit en todas sus formas a nivel mundial.
Al año siguiente vería la luz Hanzo the Razor: The Snare (御用牙 かみそり半蔵地獄責め, 1973), con dirección y guion a cargo de Yasuzo Masumura, uno de los directores clave de la “Nueva Ola” del cine japones, movimiento cinematográfico surgido entre finales de la década de 1950 y 1970, caracterizado por su inconformismo político, temáticas contraculturales y ruptura con las convenciones narrativas clásicas.
El departamento del tesoro está devaluando la moneda, provocando que la pobreza campe en Edo y conduciendo a muchos a la delincuencia. Hanzo quiere hacer cumplir la ley y acusa al estado de provocar la situación, enfrentándose al ministro del tesoro, quien quiere su muerte. Durante estas luchas internas, se le encarga capturar al ladrón más buscado del país, que parece quiere robar en el banco central de la ciudad.
Hanzo vuelve a la carga y los créditos iniciales de la película ya son toda una declaración de intenciones: esa rutina de baño centrada en el gran pene del policía de la que ya les había hablado. Y es que aquí hay mucha más acción, mucha más violencia, más lucha de clases y más morbo sexual, y sin embargo me ha resultado más entretenida que su antecesora. Creo que una vez que sabes de que va el juego, que esperar, uno se acostumbra a todo este exploit sexual y se centra en su guion, una interesante historia de corrupción y lucha de clases, donde se incluye un tema tan comprometido como el aborto ilegal. Precisamente estos momentos iniciales, con un ritual de aborto con desnudos bastante gratuitos y Hanzo “interrogando” a la sacerdotisa principal, son bastante truculentos si uno se para a pensarlos, pero como digo, llegados a este punto uno se deja llevar. Además, la acción es más abundante, más sangrienta y con momentos más excéntricos, como todas esas trampas mortales que plagan la casa de Hanzo y le ayudan a repeler de forma expeditiva un ataque hacia su persona. Exploit, acción y fondo social, combinación marca de la casa en la saga que nos ocupa.
La tercera y última parte de la saga, Hanzo the Razor: Who’s Got the Gold? (御用牙 鬼の半蔵やわ肌小判, 1974), vuelve a guionizarla el propio Yasuzo Masumura aunque en la dirección nos encontramos a Yoshio Inoue, otro nombre proveniente de la Daiei donde dirigió cine popular de diversos géneros, destacando buena parte de la saga “The Woman Gambler”, protagonizada por Kyōko Enami.
En esta ocasión seguimos a vueltas con la pobreza y la corrupción dentro del departamento del tesoro del gobierno. Los secuaces de Hanzo pescan de noche cerca del edificio del tesoro del gobierno, y una fantasma los ahuyenta. Hanzo decide investigar la situación para averiguar que el fantasma es la esposa de un funcionario del tesoro que está escamoteando dinero con una técnica bastante curiosa, lo que conlleva, como no, corrupción en las más altas esferas del gobierno y la lucha implacable de nuestro protagonista.
Este película no deja de ser muy similar a la segunda entrega, con mucha violencia, momentos eróticos y lucha social. Quizás intenta meter mucha trama reivindicativa que queda en una simple mención, pero esta vez se introduce un componente personal en la lucha del Hanzo que lo implica emocionalmente. La primera parte de la cinta se siente un poco más de lo mismo, su segunda mitad pilla ritmo y es mucho más entretenida. Los dos secuaces de Hanzo, dos convictos que se han librado de la cárcel gracias al policía y se han convertido en sus ayudantes, van cobrando protagonismo en las diferentes películas y aquí aparecen como descargo de humor en muchos momentos, lo que aligera el tono general, siendo, en el fondo, igual de truculenta que la anterior. Un cierre acorde a la saga.




