Reseñas

A Certain Killer (ある殺し屋, 1969)

1967 fue un año especialmente interesante en la cinematografía japonesa para los amantes del cine criminal centrado en asesinos y sicarios. No solo se estrenaron, de mano de la Daiei y con tan solo unos meses de diferencia, A Certain Killer (ある殺し屋) y A Killer’s Key (ある殺し屋の鍵), las películas que presentamos hoy aquí, sino que Takashi Nomura lanzaría para la Nikkatsu la estupenda A Colt is My Passport (拳銃は俺のパスポート), protagonizada por el carismático Jo Shishido donde da vida a un asesino que, junto a su compañero, serán contratados para eliminar al jefe de una banda rival. Curiosamente estas tres películas están basadas en sendas novelas de Shinji Fujiwara y podríamos ver una especie de contrapunto entre los personajes de Raizo Ichikawa y Jo Shishido ya que construyen asesinos muy diferentes entre si e igualmente interesantes a su manera. El primero de metódico, de sangre fría y solitario, sin códigos de honor y siempre esperando una traición. El segundo con un cierto código que lo hace fiel a sus compañeros y empleador, de reflejos rápidos y pistola fácil.

Pero no queda aquí la cosa ya que Seijun Suzuki crearía, también para la Nikkatsu, la conocida Branded To Kill (殺しの烙印), donde Hanada -al que también da vida Jo Shishido-, el tercer asesino del país, fracasa en un trabajo y se convierte en presa del enigmático asesino número 1. Esta película trasciende la narración tradicional y los convencionalismos, adentrándose en terrenos del surrealismo y del estilismo Avant Garde. La relación entre Suzuki y la Nikkatsu ya era tensa y las decisiones del director de tomar los tropos del género y revelarse contra ellos caricaturizándolos, retorciéndolos y llevándolos a una deconstrucción pocas veces vista anteriormente en una especie de protesta contra el cine de producción y consumo rápido, le valieron las iras de los directivos y su salida del estudio.

Y como una especie de reflejo hacia occidente, 1967 también fue el año de Le Samouraï de Jean-Pierre Melville, donde Alain Delon da vida a uno de sus personajes más memorables, el sicario Jef Costello, asesino solitario, silencioso y profesional que tras llevar a cabo un encargo perfectamente planeado se encuentra atrapado entre un persistente investigador policial y un empleador despiadado.

Bajo la dirección de Kazuo Mori, en A Certain Killer el actor Raizo Ichikawa encarna a Shiozawa, un sicario pragmático, metódico y de corazón frio. En un primer momento lo vemos explorando una desolada bahía y una destartalada cabaña, para terminar en un igualmente desolado un edificio cercano para alquilar una habitación. A partir de este momento la narración se fragmenta e iremos conociendo quien es Shiozawa, asesino, antiguo militar y regente de una pequeño restaurante, además de uno de sus trabajos, matar a un jefe rival por parte de la Yakuza. También conoceremos su relación con Keiko, una joven espontanea y picara que terminará rondandole de cerca al pagar este un plato de fideos que debía la joven en un encuentro casual.

Esta narración fragmentada da al conjunto un interés e intriga especial. En ningún momento tenemos claro el orden especifico de muchos de estos flashback y fragmentos narrativos. Vemos a Keiko comiendo sola en un restaurante elegante y entablando una conversación con Maeda, lugarteniente de la banda Yakuza que realiza el encargo a Shiozawa, casi al mismo tiempo que vemos a la joven flirtear con el sicario y echar con engaños a la empleada de este para quedarse a solas con él en el restaurante. Ordenar por nosotros mismo estos fragmentos ya nos ofrece más que muchas de las película clónicas de acción balística que se producían por ese entonces.

Raizo Ichikawa siempre destaco en el combate con espada y el cine de época, y se nos fue demasiado joven para que lo viéramos en más cintas de acción contemporánea. Su papel aquí me encanta y como crea un personaje frío, sin aparentes sentimientos ni lealtades y que solo parece reaccionar ante los traumas de su pasado como soldado. También quisiera destacar a Yumiko Nogawa dando vida a Keiko, personaje pícaro, superviviente, manipulador e interesado, movido por sus propios intereses. Realmente estos 3 personajes principales, si incluimos a Mikio Narita como Maeda, que a pesar de sus propios intereses admira tanto a Shiozawa que lo imita en más de una ocasión, son personajes vacíos, reflejo de su mundo de criminal y amoral, de esa bahía desolada y ese cementerio abandonado cerca del edificio destartalado donde se alojan.

A Killer’s Key se estrena unos meses después de A Certain Killer, también dirigida por Kazuo Mori, y es un buen ejemplo de esa especie de obsesión de la Daiei por convertirlo todo en sagas o series cinematografías que aprovecharan el tirón de un tema o éxito puntual. Llamar A Killer’s Key secuela o segunda parte sería en buena parte difícil. Raizo Ichikawa da vida de nuevo a un sicario con doble vida, la banda sonora repite riff musicales y la esencia es bastante parecida, pero el personaje no es el mismo que en la anterior película ni comparte más elementos con ella.

El guion se centra en Nitta, lobo solitario, asesino con doble vida que se oculta como instructor de danza tradicional. Un grupo yakuza con conexiones gubernamentales se ve salpicado por la confesión de un detenido bajo protección policial y se decide contratar a Nitta para asesinarlo, pero este no sabe que tras el trabajo será un cabo suelto y pretenden quitarlo de en medio y así ahorrarse parte del pago.

Esta es una película mucho más tradicional, que contiene todos los tropos y clichés del cine de sicarios y yakuzas de aquellos años dentro del cine japonés. Pierde esa narración fragmentada y enigmática y se adentra en un juego de venganza y traiciones, con mucha más acción y personajes típicos del género. Es curioso tanto su inicio como su final, centrado en el dinero del pago de Nitta que va cambiando de manos entre secuaces Yakuza en una especie de crónica de como luego nuestro protagonista irá tirando del hilo en su búsqueda de venganza.

Correcta e interesante, pero menos compleja y memorable que su predecesora. Aún así, si gustan del cine criminal japonés, merece bastante la pena.

Jorge Endrino

Informático de profesión y cinéfilo por afición. Amante del cine de género en general gusta enormemente del cine clásico y los géneros más puramente asiáticos: Kaiju Eiga, Wuxia, Chanbara, Jidai Geki, Kung fu...

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